Las Provincias

Torrente en la Casa Blanca

Pregúntense por qué las películas de Torrente tienen tanto éxito. Rompe con todo lo políticamente correcto; le importan un bledo las convenciones, las actitudes moderadas y de sentido común, no se siente concernido por nada que no responda a sus convicciones viscerales. No quiero presumir de nada, pero si repasan columnas mías atrás verán cómo señalaba que la victoria de Trump era mucho más que una posibilidad remota, así que no diré que no me sorprendió su victoria, pero sí que no me dejó conmocionado, porque tenía muy claro que podía ocurrir.

Se están haciendo multitud de análisis complejos sobre las razones de este resultado. No es para menos: el fracaso del periodismo estadounidense a la hora de detectar las auténticas intenciones de la gente, compartido con los diseñadores de encuestas, ha dejado al mundo preguntándose cómo ha sido capaz Trump de ganar la presidencia. Les anticipo que es imposible saber la 'única y auténtica razón', probablemente hay muchas, porque unas elecciones donde participan millones de personas es un sistema complejo cuyo voto final no puede predecirse en un ambiente de ansiedad y confusión. Pero lo cierto es que la gente estaba cabreada, y no quiso seguir el camino establecido: elegir a alguien civilizado y con experiencia.

Así pues, el electorado decidió hacer de su capa un sayo y buscó romper con todo aquello que sentía que le fastidiaba. El chico de la clase que vivía acosado y maltratado no ha buscado el amparo del tutor y la imposición de las reglas; directamente ha buscado al matón para que rompiera las piernas de los que no paraban de meterse con él. A este 'matón' le ha apoyado el Klan; y su opinión sobre las mujeres y los no blancos es bien conocida, pero el hecho de que muchas mujeres y latinos le hayan votado nos muestra hasta qué punto reconforta tener al tipo más duro a tu lado.

El triunfo de Trump prueba que Estados Unidos es un país dividido de forma inusual: los intelectuales, liberales, hospitalarios, los que quieren controlar las armas y se enorgullecen del pasado como tierra de acogida y madre de la democracia, por una parte; y los que desconfían del extraño y, revólver en mano, amenazan a quien consideran un peligro para su bienestar y sus creencias, por otra. Hace cuatro años solo ganaron los primeros; hoy han ganado los segundos. Nuestra esperanza: que una vez que Torrente deje de ser divertido, las democracias occidentales hayan sido capaces de volver a ilusionar a la ciudadanía, haciendo compatibles el progreso y los valores que las forjaron. Eso implica, siguiendo con el ejemplo anterior, que el tutor ha de ser más eficaz apoyando a los niños que viven acosados. Es obvio que el Brexit y esta Casa Blanca son síntomas que no podemos ignorar. Mientras tanto, Trump puede hacer cualquier cosa. Es el hombre más poderoso del mundo.