Las Provincias

EL MIEDO AMARILLO

Se han ahogado incluso los que pertenecían al salvamento de náufragos. La dañina victoria, absolutamente legítima, de Donald Trump nos hace populistas a todos, al mismo tiempo que denostamos el populismo. ¿Qué va a pasar con la OTAN y qué va a pasar con nosotros? No se puede estar presos y asustados, pero corren peligro todos los acuerdos conseguidos y a todos los que nos ha sentado como un tiro el triunfo de este señor, tan rico y tan charlatán, nos llega la misma necesidad vital: que no nos alcancen los disparos. Hasta la Estatua de la Libertad tiembla. El pueblo más creyente en su propias preferencias ha preferido a un populista y hasta sus huéspedes sienten pánico ante los que en principio le daban asilo. «Esto es doloroso y lo será por mucho tiempo», ha confesado en su último discurso Hillary Clinton, no sin cantar su derrota y animar a los suyos a continuar peleando por una América mejor, más fuerte que nunca y más justa de lo que jamás ha sido.

El disfraz de moderado no le sienta del todo bien a Trump, que se ha mostrado arrogante y xenófobo durante toda la campaña. El afamado constructor quiere construir murallas. América para los americanos más pálidos. La reacción de Wall Street ha sido optimista y esos sí que no se equivocan, pero lo que más determina el voto son las promesas y Trump ha prometido la construcción de una valla entre Estados Unidos y México. «Creedme a mí, se me da muy bien construir muros y lo pagará México», ha dicho antes de volverse algo cauto. A su juicio, México manda crimen, drogas y violadores. Tampoco tiene buena opinión de los sirios, en general. «Si gano, los 200.000 que iba a recibir Estados Unidos serán devueltos a su país de origen, porque podrían ser del Estado Islámico». Pues bien, ese hombre ha ganado las elecciones. Ha sido una victoria del egoísmo o una derrota de la piedad, según se mire. Pero el hombre que más puede del planeta también puede darnos nauseas.