Las Provincias

SI YO FUERA ERREJÓN...

Si yo fuera Íñigo Errejón, ayer le hubiera mandado un recadito a Pablo Iglesias con la foto de Donald Trump levantando el puño para celebrar su victoria. «¿Tú lo ves, compañero (o camarada, o como se digan)? Me criticaste por hacer la uve de la victoria y me comparaste negativamente con uno de los grandes hombres de la historia, Winston Churchill, el primer ministro británico que hizo frente a Hitler y le paró los pies, y ahora sale Trump, el derechista Trump, el populista, el multimillonario, el fantoche, el xenófobo, el misógino, el racista, y levanta el puño como haces tú cada vez que subes a la tribuna del Congreso de los diputados o al finalizar un mitin o en cualquier acto con público delante». Pero Errejón, que es cauto, mucho más que su líder, no lo hizo, no aprovechó la histórica fotografía para hacer ver la ridiculez del ataque que sufrió desde dentro de su propio partido, el temido fuego amigo. Obviamente, también le podía haber recordado a otros 'ilustres' personajes históricos habituales del puño en alto, como Stalin, responsable del exterminio, encarcelamiento, tortura y hambruna de millones de sus compatriotas, pero, claro, eso ya sería demasiado, como echarse piedras sobre su propio tejado, intentar remover los cimientos de una organización inestable, socavar la autoridad del número 1, mejor ni intentarlo. Que. además, bastante molesto está ya el secretario general de Podemos porque Albert Rivera se ha atrevido a decir lo que muchos piensan, que Iglesias se alegra de la victoria de Trump porque en el fondo son lo mismo, populistas, de extrema derecha el uno, de extrema izquierda el otro, pero con muchos puntos en contacto, como el análisis distorsionado (a su favor) y tremendista de la realidad, o la apuesta por soluciones simplistas, imposibles de realizar pero que llegan con facilidad a ciudadanos poco ilustrados y ansiosos de que alguien les prometa un mundo feliz y no un camino pedregoso, repleto de zarzas y cuesta arriba. Y que le viene bien por aquello del «cuanto peor, mejor». Pero es que, faltaría más, si yo fuera Errejón y viera la deriva del partido que fundó, empezaría a explorar fórmulas de acercamiento y aproximación al PSOE para construir el proyecto socialdemócrata de corte europeo que España necesita como contraposición al de la derecha y el centro-derecha que representan el PP y Ciudadanos. Una socialdemocracia que, evidentemente, no puede tener como cabeza visible a un nuevo/viejo comunista como Iglesias, ni a un oportunista sin más programa que su propia promoción personal como Pedro Sánchez. Pero tal vez sí a un hombre con recorrido, conocimiento y aptitudes demostradas, como Borrell. Seguro que Errejón y Borrell se llevarían bien, mejor que con Iglesias.