Las Provincias

EL ESTADIO DE WANDA

El presidente de la Liga, Javier Tebas, es un verso libre. Un tipo peculiar que ha logrado el apoyo mayoritario de los clubes para perpetuarse en el cargo cuando casi todas las aficiones lo tienen en la diana. De vez en cuando deja por el camino pildorillas improvisadas que quizá tengan más trascendencia que una mera anécdota. Ayer, Tebas dejó caer que el nuevo estadio del Atlético de Madrid podría llamarse Wanda, la multinacional de cines más grandes del mundo. Al frente está Wang Jianlin, uno de los hombres más ricos del planeta y que ha entrado en el accionariado del club colchonero. Wanda fue una de las siete empresas que se presentaron al proceso de compra del Valencia Club de Fútbol. Un paripé viciado, oscuro y manejado desde dentro de una manera burda y sospechosa. Lo defenderé hasta que me quede el último renglón de vida. Aquella fue la gran mentira que hoy padece el valencianismo. Se abrió la puerta de la compra hasta a presuntos estafadores que meses antes quisieron comprar el club con cromos del Coyote. Y al carro de aquella venta se sumaron intermediarios de dudosa reputación que nunca presentaron una oferta con los cimientos suficientes para sostener Mestalla. Entre tanto disparate algunos como Peter Lim -que ha puesto al menos 194 millones- y Wang Jianlin se personaron con un proyecto por delante. Wanda apostó por el Valencia. De hecho ya invertía en la escuela de Paterna, al igual que en la del Villarreal y el Atlético de Madrid. Para Aurelio Martínez, presidente de la Fundación durante todo aquel proceso, su oferta favorita era la china. En realidad, le chiflaba. Especialmente por el estadio que traía Wanda. Ese nuevo Mestalla. Espectacular en su concepción para el juego y una máquina de hacer dinero. Una de las mayores empresas del mundo del ocio interesada en el Valencia. Un golpe de suerte que se quedó en el camino. Hoy ni hay estadio ni ganas de hacerlo. Antes de la votación del 17 de mayo de 2014, la primera que posicionó a la Fundación a favor de Peter Lim, nadie contó que Wanda se había largado del proceso de venta. Harta, cansada de aquel sainete, de que le cambiaran continuamente las condiciones de esa mentira, de que se filtraran documentos que en teoría eran secretos. La oferta china no llegó a Valencia ni a ser súbdita de nadie ni a acatar la improvisación de los interesados. Ante un proceso viciado, Wanda tomó la decisión más sensata: irse. Es difícil entender cómo se dejó escapar a una de las mayores fortunas del mundo, de esas que sí que están entre los veinte primeros de una lista de referencia. Lo que nunca nadie ha explicado es qué llevó a la oferta china a irse con sus millones a otra parte. Y el valencianismo reclama respuestas.