Las Provincias

El único que no se ha quemado

Es listo el presidente de la Diputación de Valencia. Le costó un poco pillar las diferencias entre la Primera y la Tercera División del fútbol político regional. De ahí que se excediera en alguna ocasión y autorizara campañas de propaganda en modo alguno institucionales o se precipitara a marcar distancias respecto a Ximo Puig. Pero desde que le cogió el tranquillo a esa gigantesca canonjía que es la corporación provincial, no se moja ni cuando llueve porque va en coche oficial a todas partes. Aviva el paso cuando le conviene. Aminora la marcha cuando la prudencia se lo indica y se pierde en lo más profundo del pelotón cuando el instinto le dice que lo mejor que puede hacer es no asomar la nariz por la cabeza de la carrera hasta que amaine el viento de fronda. Juega con los tiempos mucho mejor que sus congéneres. Y, sobre todo, no se acalora lo más mínimo. A Rodríguez no le verán sofocado como a José A. Camacho.

Rodríguez, desde luego, se acostumbró rápidamente a lo bueno. «El vehículo [por la Diputación] no es malo», se apresuró a admitirle al compañero Burguera; al contrario, añadió por si el aserto requiriera una aclaración: «Es más útil de lo que [él] esperaba». Descubrió también enseguida las enormes prestaciones que presentaba Imelsa habida cuenta de que sólo le cambió el nombre, Divalterra se llama ahora la mona vestida de seda, y apenas si le cortó un poco las puntas a la plantilla. Nada que no hubiera hecho cualquier estilista.

Aguardó en cambio un tiempo para prescindir de los servicios de José Manuel Orengo, el controlador que Ximo Puig le metió en el lote, a fin de evitar que el presidente de la Generalidad se lo tomara más a mal de lo que se lo debieron tomar él y Alfred Boix. Y un poco más y no acuerda personarse como acusación en el caso Taula, que es lo primero que tendría que haber hecho nada más tomar posesión dado que fuera cual fuese el resultado de la instrucción las pesquisas judiciales afectaban a la corporación provincial y a la totalidad de sus empresas: Imelsa, Girsa, Egevasa, etcétera. Y la Diputación no podía permanecer indiferente ante la causa. Pero es que el por lo demás alcalde de Ontinyent es así.

¿Aboga o se opone al adelanto del congreso federal del partido? ¡Ah! Sabedor de que en esas circunstancias la mayor amenaza procede del fuego amigo, enmudeció en cuanto las cosas empezaron a ponerse feas para el PSOE. Se alejó de la refriega entre los partidarios y los contrarios a Pedro Sánchez intensificando las muestras de apoyo a las fallas, que no es descartable un ataque de celos por parte del concejal de Fiestas Pere Fuset. Y ahora se encuentra en mejores condiciones que Ximo Puig o JL Ábalos para afrontar el invierno postnuclear que aguarda al PSOE.