Las Provincias

SOCORRER AL VENCEDOR

Un loco hace ciento, pero no esperábamos que contara con tantos millones. Considerábamos al ahora triunfante Donald Trump como el peor candidato presidencial de la historia reciente de los Estados Unidos, pero la intención de voto sólo acierta cuando coincide con el día de la votación. Su inequívoco desdén hacia las minorías raciales y su claro desprecio hacia los emigrantes nos hicieron suponer que su derrota era inexorable. Nos equivocamos en la misma medida que él acertó. ¿Quién podía sospechar, con los datos que llegan a esta remota provincia del imperio, que su oposición a subir el salario mínimo iba a tener tan buena acogida entre los que lo cobran? Hillary Clinton, que es casi tan multimillonaria como él, nunca ha gozado del apoyo de la afición. Los norteamericanos no quieren monarquías en el poder desde que mataron a Kennedy. Quieren caras nuevas, pero eso no explica la victoria de Trump, que se opone a incentivar (verbo detestable en la gramática política) y a acabar, poco a poco, o de golpe, con las políticas sociales que impulsaba el presidente Obama. En paz va a descansar ahora mientras el 'sueño americano' se dispone a echar una larga siesta.

El claro y reñido triunfo de Trump representa la hegemonía de los que tienen algo contra los que aspiran a tenerlo. Gracias a las políticas sociales de Obama más de 20 millones de estadounidenses, que a pesar de su buena salud colectiva se ponen malos a veces, gozan de tener un seguro médico. Ya se sabe que eso es notoriamente inferior a gozar de una buena salud, pero algo es algo, ya que hay excelentes médicos que no sólo curan la enfermedad última, sino las que la precedieron. Confieso pertenecer a quienes deploran el éxito de Trump sin lamentar el fracaso de Hillary. Lo último que oyó el nuevo presidente fue un abucheo en su colegio electoral de Nueva York. Ahora son todo aplausos. Los que socorren al ganador son los que hacen más ruido.