Las Provincias

UN NUEVO PACTO SOCIAL

Los mensajes catastrofistas y los vaticinios pesimistas inundan cada día no sólo los medios de comunicación -a los que siempre es fácil señalar como el primer culpable de casi todo- sino la red y sus múltiples canales, así como el cine y las series de televisión. El hombre de a pie es bombardeado con cientos de impactos que le anticipan un mundo peor, con menos trabajo, máquinas y robots que lo harán prácticamente todo pero que dejarán a la inmensa mayoría de humanos fuera del mercado laboral, desastres ecológicos en un planeta insostenible tanto por la contaminación como por la superpoblación, con guerras por un agua que será cada vez más escasa, calor extremo, aire irrespirable, deforestación masiva, extinción de especies, carestía alimentaria. A los jóvenes directamente se les expulsa del sistema y se les dice que sin unos estudios superiores, un par de idiomas y un máster no tienen nada que hacer pero que incluso con esa preparación lo tienen no ya complicado sino casi imposible, que no van a poder irse de casa de sus padres, comprar o alquilar su propia vivienda, tener un proyecto de vida, con hijos o sin ellos, hipotecas, coches, viajes... Hay datos objetivos que demuestran el empobrecimiento de las clases medias o la acelerada acumulación de la riqueza en las grandes fortunas mientras crece el porcentaje de los que viven por debajo del umbral de la pobreza. Hay fenómenos imparables, como la desaparición de sectores de la actividad y profesiones que en unos años no serán más que un recuerdo, la inmigración procedente de un continente -África- ingobernable y permanentemente convulso y corrupto, y la temida globalización. Sumando todos estos factores, hay miedo al futuro, incertidumbre, inquietud y una certeza generalizada de que nuestros hijos vivirán peor de lo que lo hacemos nosotros en la actualidad. El sistema, en definitiva, se ha pegado un tiro en el pie y ha dado alas a oportunistas y demagogos de izquierdas en unos casos y de derechas en otros que con mensajes simplistas invitan al pueblo llano (y poco cultivado) a seguirlos hasta la tierra prometida. ¿Por qué nos extrañamos de sus victorias? Sólo si ese sistema -que como demostró la caída del Muro de Berlín es el único posible- se regenera y tiene capacidad de volver a admitir a los que ha ido dejando fuera, la cada vez más larga lista de populistas que están haciendo fortuna tendrá sus días contados. Pero para eso va a hacer falta algo más que una candidata como Hillary Clinton, que no gustaba ni a sus votantes naturales. Europa y ahora también América necesitan un pacto social como el que surgió de entre los escombros de la II guerra mundial. Mientras tanto, irán cayendo piezas. Renzi, seguramente, será la siguiente.