Las Provincias

HUÉRFANOS

Peter Lim lleva casi un año sin pisar Mestalla y, muy posiblemente, no sea recibido con alfombra roja cuando tenga a bien volver por aquí, si es que algún día se digna a hacerlo que -dicho sea de paso- no estaría de más. Porque es cuando aparecen las dudas y cuando se posan los negros nubarrones sobre el horizonte cuando más falta hace escuchar en voz de principal responsable cuál es el Valencia que nos espera. Debería entender el señor Lim que aquí, a 12.000 kilómetros de su mansión, la gente anda muy perdida porque no sabe cuáles son sus planes -si los tiene- y el mensaje recibido de la presidenta Layhoon en la junta de accionistas lejos de tranquilizar a la parroquia ha sembrado más inquietud si cabe. Existe entre el valencianismo cierta sensación de orfandad que ellos no parecen tener intención ninguna de aliviar con un liderazgo claro y eso es importante aunque estos señores orientales no han mostrado intención alguna de familiarizarse con nuestra idiosincrasia. Obviamente lo más importante, y sobre todo lo más urgente, es poner fin al disparate deportivo que asola al club desde su llegada y en ese aspecto tampoco el mensaje de Layhoon ha dejado a nadie tranquilo porque lejos de reconocer que todo se ha hecho rematadamente mal entonó un blandito 'mea culpa' para volver a reclamar una vez más paciencia sin entender o sin querer entender que resulta francamente difícil ser paciente ante el delirio permanente en que se ha convertido la política deportiva del Valencia Club de Fútbol. Por si faltaba un poquito más de picante en el guiso, advierte la presidenta de la dificultad de reforzar el equipo en el mercado invernal amparándose en la sanción de la Unión Europea y en el 'comodín' del dichoso fair play financiero cuando el equipo está pidiendo a gritos los futbolistas que le faltan. Y le faltan no porque se hayan constipado ocho jugadores o porque se haya declarado una pandemia de gastroenteritis aguda y repentina en el vestuario. Le faltan porque en los dos últimos veranos, con los unos y con los otros, parece que el equipo te lo haya hecho el enemigo para que no vuelvas a ganar un partido nunca más. Le faltan porque es más fácil y mucho más cómodo esperar instrucciones desde Portugal para que -sobre la campana- el amigo del amo recoloque las fichas de su ajedrez particular poniendo precio a cada movimiento que trabajar para Valencia con todo lo que ello supone. Y lo que necesita el equipo en este caso no es contratar futbolistas con lesiones crónicas que le sobren a otro amigo del amigo del amo. Necesita jugadores importantes que le otorguen el salto de calidad que con sus alocadas decisiones, los nuevos propietarios, sus amigos representantes y los floreros que han puesto para decorar el saloncito le han ido arrebatando hasta convertirlo en un equipo pequeño. El valencianismo está a oscuras y, deportivamente, abandonado a su suerte. Prandelli es un entrenador cualificado pero da la sensación de que lo que esperamos de él no es el trabajo de un técnico serio sino un milagro.