Las Provincias

HOY NO SERÁ OTRO DÍA

Habrá que esperar a que voten todos los estados norteamericanos para saber quién pierde y quién puede arrendar las ganancias. El combate, a pesos unisex, está muy igualado, pero no puede decretarse nulo ya que la lucha entre ambos multimillonarios tiene que producir un vencedor, aunque sea contraproducente para su enconado rival. Falta tiempo y sobran indecisos, pero la campaña entre demócratas y republicanos ha sido la más cruel de la historia. Cambiaron sus banderas por los trapos sucios del otro. La ex primera dama, que también es exsenadora y exsecretaria de Estado, tiene una ligera ventaja sobre el promotor inmobiliario, pero a los dos les une su condición de ricos, riquísimos. Hillary Clinton tiene 69 años, que es una buena edad para convertirse en primera presidenta de Estados Unidos, pero Donald Trump, que tiene 70, vive su segunda juventud que, como todas, depende de lo que haya durado la primera.

¿Quién será el sustituto de Obama? El negro que sigue teniendo el alma blanca ha envejecido durante su mandato. Ha hecho lo posible, que es lo que le dejaron hacer. Mientras se sube no se experimenta el vértigo. Aparece cuando los candidatos llegan a la cumbre y miran hacia abajo. La llamada satisfacción del deber cumplido quizá consista en no tener que cumplirlo, pero los hidrópicos del poder siguen teniendo sed aunque se embuchen. Solo algunos se conforman con lo que tenían, como el que fue canciller socialista de la Alemania federal, que no presumía de nada pero aspiraba a grabar en su epitafio unas palabras que recordaran que 'Se tomó la molestia'. No son de ese linaje ni Hillary Clinton ni Donald Trump. Quieren obligar a sus votantes y a los que se abstienen, que en el país más poderoso del mundo son únicamente el 50% de los que tienen derecho al voto. La candidata da miedo, pero Trump da pánico. Vistos a distancia es mejor ella que él, que es pésimo y además está peor educado.