Las Provincias

Actualidad sin 'cobra'

Aclarado el importante asunto de la 'cobra' o 'anti cobra' entre Chenoa -las mujeres primero- y David Bisbal que tanto inquietó a la opinión pública, quizás podamos ya escribir sobre cuestiones menos trascendentes pero sospecho que también importantes. Una son las elecciones norteamericanas, que cuando este artículo salga a la luz ya habrán desvelado su desenlace después de haber mantenido las dudas, y la inquietud, hasta los últimos minutos.

Como ya sabremos quién ostentará el máximo poder planetario en los próximos cuatro años, tal vez tengamos más tiempo para seguir la actualidad política nacional que ya no aparece al rojo vivo en los titulares pero sigue siendo tema de interés y de preocupación. Rajoy ha revelado que su nuevo Gobierno será dialogante -al parecer el anterior no lo era- y deberá estar abierto a los pactos que tanta falta harán para gobernar.

Pero una cosa son las palabras y otra los hechos, igual que pasaba con Chenoa y Bisbal que lo que ellos aseguraban las fotografías lo desmentían, y en el caso de Rajoy los entendidos en casi todo coinciden en que el nuevo elenco ministerial, además de carecer de pesos pesados de la política conservadora, no responde con nombres y apellidos a tan loable propósito. Habrá que esperar a ver qué ocurre cuando las comparecencias y los proyectos de Ley lleguen al Congreso.

Mientras tanto, aunque lo de ETA ya no preocupa gran cosa, el cuerpo de muchos millones de ciudadanos que no quieren ver cadáveres desparramados por las calles ni escuchar explosiones de coches bomba ni mucho menos recibir tiros en la nunca cuando pasean por el parque, se ha sentido reconfortado con la noticia de que el último jefe de la banda y quizás más desconocido de su historia, Mikel Irastorza, ha seguido los pasos de sus antecesores y ha sido detenido en Francia. Parece que no tiene pendientes delitos de sangre y su breve mandato -era el séptimo desde 2011- sobre los últimos pistoleros que quedaban a la orden, pasará directamente del paro a la prisión que podría haber evitado entregando de una puñetera vez las armas que les quedan. No está mal, desde luego, que la banda que tanto dolor causó se vaya desintegrando sola, gracias al abandono de sus seguidores, a la acción policial y al olvido.

No está mal, pero estaría mejor que los últimos dejen ya de marear, que reconozcan su derrota armada e ideológica, y que se decidan de una vez a escribir su epitafio y a ofrecerle a la sociedad, a la que tanto torturaron, un último detalle de paz que contribuya a mejorar la convivencia. A los que quedan en la clandestinidad, haciendo la 'cobra' de su siniestro logotipo a la Policía, sólo les queda la atenuante de entregarse a la justicia y de paso amortiguar entre los demás su ingrata memoria.