Las Provincias

La primera dama y el rufián

Estados Unidos hará hoy historia, elegirá entre una mujer o un populista para la Presidencia. Ambas opciones son nuevas. Hasta ahora no han sabido cómo se vive bajo el liderazgo de una Merkel o, alternativamente, cuánto se padece soportando a un Maduro, por eso el resultado se aventura incierto. Hillary Clinton pertenece a la élite familiar que ha gobernado el país casi desde siempre mientras que Donald Trump, aunque sea un millonario pichabrava y exhibicionista, se presenta como artífice del cambio y la revolución. Por paradójico que resulte, esta vez la continuidad consiste en que gane las elecciones la candidata de la izquierda bonita y la ruptura en que el triunfador sea el aspirante de la derecha racista, machista y maleducada. Así, la primera mujer que puede llegar a presidente también encarna la solución del mal menor. Pero, cuidado, los electores norteamericanos se mueren de ganas de hacerle un corte de mangas al mundo. No está claro qué va a pasar. Después del 'Brexit' y el no a la paz en Colombia, Trump sería la siguiente sorpresa.

Estuve en la Convención Demócrata en Filadelfia apoyando a Clinton, igual que antes en Charlotte con Obama, y volví preocupado. Todos los taxistas a los que allí pregunté iban a votar al republicano. El populismo no sabe de izquierdas o derechas, tampoco de patrias o continentes, divide el universo en buenos y malos, corruptos y transparentes, jueces y políticos, casta y gente, nacionales e inmigrantes, culpables y víctimas, sin matices. Como hacen Trump, Podemos y Compromís. Resulta muy convincente para quien piensa sin pensar. La democracia consiste en conciliar personas, colectivos e intereses diferentes para formar mayorías complejas, el populismo enfrenta a los que supuestamente están debajo con los que presumiblemente estarían arriba. El miedo a la globalización le abona el terreno a esta enredadera venenosa. El miedo es el padre del éxito de los nazis, los fascistas, los comunistas y los populistas. El miedo pudre la democracia.

En Filadelfia, el senador Cory Booker hizo un gran discurso proclamando que es imposible amar a una nación si se odia a una parte de su pueblo. Ojalá lo escuchasen los grupos rufianes del Congreso español. Y dijo: «En tiempos de crisis no olvidamos nuestros valores, los redoblamos». Esta va a ser la batalla política a partir de ahora: democracia contra populismo. En Europa, como hoy en EEUU, redoblar nuestros valores y no abandonarlos por miedo. Fuera de la democracia representativa sólo crecen las dictaduras.

Mañana cuando me despierte espero escuchar en la radio que en la capital del mundo la primera dama le ha ganado al rufián. Que por ahora no me necesitan en Washington y que, por tanto, puedo volver tranquilo a escribir aquí de jardines bajo las sábanas y prisiones de amor. Únicos temas sobre los que me consultan los lectores.