Las Provincias

EL MALO DE LA PELÍCULA

Una copla popular, en sus múltiples variantes, dice «vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, que siempre ganan los malos cuando son más que los buenos». Ahora no se distinguen los unos de los otros, porque en ambos lados parece que están los peores. Incluso la gente que no se mete en política consiente que la política se haya metido en ella. Ignora que política es todo mientras vivamos en comunidad, ya que lo demás es jungla. El odio es una pasión más duradera que el amor, porque dura no únicamente mientras dura sino cuando se extingue y lo heredan los que no estaban enamorados. ¿Por qué no se habla del odio platónico? Aquel sublime poeta griego, antes de que existiera Grecia, lo antepuso al rencor pero el mundo da muchas vueltas para volver al mismo sitio y ahora el Ku Klux Klan está pidiendo el voto para Trump, que está haciendo combate nulo con Hillary Clinton. Se habla de los instintos de conservación más que de los instintos de destrucción, pero sin ellos no serían explicables fenómenos como la velocidad y la droga.

Somos muchos a los que nos aterra que este multimillonario, capaz de financiarse su campaña presidencial, tenga tantos partidarios pobres. Los populistas se rebelan contra las élites, pero todos somos pueblo. A Sartre le sorprendía mucho que los políticos dijesen que estaban dispuestos a inclinarse por el pueblo para conocer sus costumbre. ¿Dónde estaban para tener que inclinarse?, se preguntó. ¿Dónde está el buen Papa Francisco, que exalta el perdón ante mil presos de once nacionalidades en el Vaticano? De momento, le han adquirido un báculo de madera, que desentona con el resto de la indumentaria. Estamos, según dice, en el Año de la Misericordia y hasta el FBI ha descartado indicios de delito en los correos de Hillary Clinton. Hoy se van a aclarar algunas cosas en la medida en que se oscurecen otras. Hay que seguir. Eso es todo, con buenos y malos.