Las Provincias

LUJO BARATO

Si ven a alguien caminando por la calle estos días como si flotara en una nube es porque acaba de ser padre por primera vez o porque es granota. Una de dos. Razones no les faltan. El padre por motivos obvios, el seguidor del Levante por andar batiendo récords históricos en Segunda, con diez puntos de ventaja tras la sufrida victoria en Reus. Así como el padre babea al contemplar su criatura, los granotas necesitamos mirar y remirar la clasificación varias veces al día. Hasta el punto que se ha convertido en uno de esos lujos baratos que nos podemos permitir con cierta asiduidad. Como un tic. En mitad de un lunes terrible, por ejemplo, la clasificación funciona como un reducto, como una inyección de optimismo cuyas vistas proporcionan la felicidad más absoluta. No importa lo horrible que sea el día mientras puedas consultar las páginas de deportes o deleitarte en el baño mirando la tabla en el móvil (hábito feo nada recomendable).

Cómo cambian las cosas. Hace apenas un año mirábamos atemorizados los números, de reojo, para calcular el tiempo de vida que nos quedaba hasta llegar al sepelio. La clasificación hacía la vez de esquela. En cambio, cuando el equipo lidera la Liga -aunque sea en Segunda- y la suerte está de tu parte, la examinas orgulloso como si hubieras ganado la lotería. No te cansas de escudriñarla. Es gozo para los ojos. El sueño de sumar tres puntos en la siguiente jornada, y tal vez sacar una docena de puntos al segundo, te llena de satisfacción ejerciendo un efecto reparador. «Ahora sentarse en la barra a leer el periódico es mejor que beber. o casi», me dice un granota bebedor, asiduo a los bares. En el fondo hay algo de ritual en esa maniobra de mi amigo de abrir Las Provincias por las páginas de Deportes.

En cada visita a la tabla se descubre un nuevo detalle intrascendente, aunque crucial, sobre la siguiente jornada, el próximo rival o acerca de los partidos que restan para acabar la primera ronda. Por mucho que mires nunca se puede decir que esté todo visto. Siempre existirá algún pormenor, algún peligro latente o carambola que te haga desconfiar. Y más si eres del Levante. Incluso si la miras mucho tiempo seguido llegas a recordar qué sencillo es complicarse la vida con un bache de tres derrotas consecutivas y un empate, con robo incluido. Entonces aparecen los fantasmas del pasado y sientes cierta desazón. Es la falta de costumbre. No puede ir todo tan rodado, piensas. No puede ser tan fácil. Por eso no hay que fiarse ni bajar la guardia. Ni siquiera yendo el primero. Cuando todo parecen números y ciencia, descubres que en realidad los resultados y clasificaciones son algo más que mero cálculo. Hacen la vez de horóscopo.