Las Provincias

Listas de espera apolíticas

El bipartito que gobierna la Generalitat -con el apoyo parlamentario de Podemos- ha hecho bandera de la reversión de hospitales que responden al llamado 'modelo Alzira', es decir, centros que se mantienen con fondos públicos pero que gestiona la iniciativa privada. A nadie se le escapa la intencionalidad política de esta medida, la de querer reforzar el carácter público de la sanidad, eterna aspiración de la izquierda. Pero aunque los deseos de los gobernantes valencianos son unos, muy claros y definidos desde un primer momento, la realidad es otra muy diferente. Para acabar con las listas de espera, por ejemplo, la Consellerìa de Sanidad sigue recurriendo a desviar pacientes a la privada, único sistema para que los valencianos no tengan que aguardar durante meses para una operación quirúrgica, uno de los motivos que, cuando se producen, con más razón provocan el malestar de los ciudadanos. Lejos de disminuir, en 2015 aumentó esta práctica, ya con el PSPV y Compromís en el poder. Los apriorismos ideológicos no conducen a ninguna parte y poner lo público por delante de cualquier otra consideración, como si fuera en sí mismo un valor a proteger, es un error. Lo realmente importante es atender a los ciudadanos y procurar que la gestión sanitaria llegue en las mejores condiciones a todos los rincones de la Comunitat. Esta lección práctica debería ser aplicada por la Generalitat y por los ayuntamientos gobernados por la izquierda y los nacionalistas a la hora de tomar decisiones en las que lo que prima son los argumentos políticos por encima de las necesidades de los valencianos. Cuando de lo que se trata es de gestionar los asuntos públicos lo mejor es olvidarse de los rígidos manuales que marcan un estricto camino a seguir, sin matices. Afortunadamente, con las listas de espera se ha actuado con sensatez, recurriendo a quien puede solucionar el problema en lugar de dejar que se enquiste.