Las Provincias

LA HERENCIA ZAPATERO

Mientras el paso del tiempo ha agrandado la figura de hombre de Estado de Felipe González, que tal vez por eso es ahora señalado, insultado y despreciado por los antisistema y los radicales, el transcurso de los años -pocos todavía- no ha servido para limpiar y dignificar la imagen del otro presidente socialista que he tenido España desde la transición: José Luis Rodríguez Zapatero. Sus fieles, que los tiene, recuerdan y ensalzan su apuesta por los derechos de las minorías. Pero cinco años después de su retirada, su herencia, su envenenado legado, sigue condicionando la política española. Fue él quien dio alas a los que desde los sectores más residuales de su partido, de la extrema izquierda y del nacionalismo pretendían reabrir las heridas del pasado, con una ley de memoria histórica que aún hoy, cuando ya han pasado más de ochenta años del inicio de la guerra civil, sigue provocando enfrentamientos y reactivando rencores. También fue él quien alentó la reforma estatutaria de Cataluña, haciendo creer que cualquier cosa que se decidiera en el Parlament sería aceptable en Madrid, jugando con idéntica baraja que el PSC al mismo juego de la irresponsabilidad, el catalanismo por delante del socialismo y el cortoplacismo partidista por encima del interés general del Estado. Y por último, fue él el responsable de una estrategia peligrosísima que aún hoy sigue haciendo furor en la izquierda, incluso en su partido: el frentismo, la demonización del PP, su catalogación no como rival o contrario, sino como enemigo irreconciliable, como el partido al que había que aislar y marginar y contra el que valía todo, incluso pactar con los extremistas, con los antisistema, con los independentistas. El PSOE y el PSC son víctimas de aquel legado tan dañino para la convivencia entre los españoles y para la salud de nuestra democracia. Todavía hay dirigentes que siguen defendiendo que era preferible un pacto con la Esquerra Republicana de Rufián o el Podemos de Pablo Iglesias que aceptar que gobernara el partido más votado. El showman Iceta prefiere que en Badalona manden los radicales, los que se niegan a acatar el auto de un juzgado, a aceptar que su partido asuma el mando del Ayuntamiento con los votos de la formación que en Cataluña dirige García Albiol. La cultura política de otros países de Europa ve normal que los socialistas pacten ocasionalmente con los liberales o los democristianos, pero en España la simple abstención del PSOE -no un pacto de Gobierno- ha provocado un cataclismo que amenaza con llevarse por delante un partido con más de cien años de historia, pieza clave en la historia de España. Pedro Sánchez no ha sido más que un aprendiz, el principio del fin hay que buscarlo en la etapa de Zapatero.