Las Provincias

PONERSE AL LADO DEL VERDUGO

Mal consentido. Al analizar los años de plomo de la ETA, escribe el catedrático y ensayista Aurelio Arteta (Navarra, 1945) en 'Mal consentido. La complicidad del espectador indiferente', Alianza Editorial: «Existe un mecanismo de defensa, paradójicamente basado en el instinto de justicia que, igual que no acepta que haya un crimen sin castigo, tampoco entiende un castigo que no venga precedido de un crimen. En resumidas cuentas, que nos predispone a situarnos al lado del verdugo o el opresor».

'Algo habrá hecho'. ¿Quién ignora cómo actúa esta lógica de la infamia?. Arteta recuerda los campos de exterminio en Alemania y Polonia. «El sentido común reaccionaba ante los horrores de Buchenwald y Auschwitz con este argumento: '¿Qué crimen habrán cometido estos cuando les hicieron tales cosas?'. Lo hemos escuchado también en el País Vasco tras buena parte de los primeros crímenes de ETA: 'Algo habrá hecho'. Así se consuela la conciencia laxa (.) Todo ello sirve para que el espectador tranquilice su conciencia culpable». No hay mejor manera de extirpar cualquier responsabilidad en el sufrimiento de los demás que tener ese dolor por merecido.

Alsasua. Lo hemos visto estos días recientes en Alsasua (Comunidad Foral de Navarra): varias decenas de vecinos se manifestaron defendiendo a los que lincharon a dos guardia civiles fuera de servicio y vestidos de paisano. Les movía a los manifestantes ese razonamiento bastardo que comenta Arteta: 'Algo habrán hecho'. Los guardia civiles de la zona se consuelan como buenamente pueden: «Por lo menos ahora ya no nos matan». Es un gran avance. Pero en el Parlamento español, lo acabamos de ver, las heridas siguen abiertas.

Laberinto. Es uno de los temas de fondo de la excelente novela 'Patria' (Fernando Aramburu, San Sebastián 1959, Tusquets). Una vez enfrascado en sus 646 páginas, no te apetece coger otro libro (cosa que a mí me ocurre casi siempre: salto de Clarín a una biografía de Frank Lloyd Wright y de Baroja a 'Manual del demagogo', de Raoul Frary, con prólogo y traducción del ensayista valenciano Miguel Catalán). Me refiero al tema de la transmisión de culpa.

Escurrir el bulto. El razonamiento esencial para escurrir el bulto es: 'No soy yo el responsable de haber perpetrado esa mezquindad: eres tú el que me ha obligado a cometerla. Por tu pasividad, por tu falsa generosidad y tu displicencia.'. El laberinto psicológico. En las parejas agotadas es el pan nuestro de cada día. De ese infierno cotidiano nace mucha de la violencia de género. Pero ahora hablamos de la violencia terrorista con justificaciones ideológicas.

Dos familias. Aramburu nos cuenta en 'Patria' el drama de dos familias vecinas y amigas en una población vasca. Bittori, la viuda de Txato, un pequeño empresario primero extorsionado y finalmente asesinado por ETA en los años 80, decide regresar al pueblo donde vivían y donde asesinaron a su marido. Joxe Mari, uno de los hijos de la otra familia, pertenecía y sigue perteneciendo a la banda terrorista. Ahora está encarcelado. Bittori, enferma terminal y a la que retiran el saludo y tratan con desprecio en el pueblo ('algo habría hecho el Txato'), quiere que Joxe Mari le pida perdón. Entonces ella perdonará a su vez.

El pus. Los pocos amigos que le quedan o los vecinos que todavía le dirigen la palabra -muy pocos- le preguntan a la viuda de Txato: «Bittori, por el amor de Dios, ¿para qué hurgas en esa herida?». Y ella, tenaz en su decisión de saber, responde: «Para sacarle todo el pus que aún lleva dentro. Si no, nunca se cerrará».

Descansar en paz. Algunos momentos de 'Patria' son conmovedores. Dolorosos y emotivos. En las últimas páginas de la novela, su hija Nerea también le pregunta a Bittori a qué se debe esa insistencia suya en que le pidan perdón. «¿Por qué crees que sigo con vida?», responde Bittori. «Necesito ese perdón. Lo quiero y lo exijo, y hasta que no lo consiga no me pienso morir». Nerea le reprocha desde la admiración: «Tienes un orgullo que te lo pisas». Bittori lo niega: «No es orgullo. En cuanto coloquéis la losa y me quede con el Txato, le diré: el idiota se ha disculpado, ahora ya podemos descansar en paz».