Las Provincias

'Operación Isidoro'

Han pasado algunas semanas del boicot de un grupo de 'estudiantes' a Felipe González en la Universidad Autónoma de Madrid coincidiendo con los momentos más tensos de la ciaboga del PSOE hacia la abstención en la investidura de Mariano Rajoy. Pero el episodio no deja de ser inquietante por su significado como punto álgido del intento de derribar de su pedestal a uno de los iconos clave de la Transición. Con sus luces y sus sombras, 'Isidoro', sobrenombre de González en su juventud conspirativa, está por derecho propio en el mosaico de los fundadores de la democracia. Representa y encarna la ruptura del socialismo español con el pasado guerra-civilista y con el corpus ideológico totalitario que heredó de sus mayores. Felipe trajo a las filas del PSOE de Pablo Iglesias lo que en Francia se denominó «socialismo con rostro humano» y modernizó el partido para encajarlo definitivamente en la economía de mercado. Felipe legitima hitos tan determinantes para desanclar a España de su pasado cainita como la reconciliación, la Constitución del 78, la monarquía parlamentaria, la bandera y el Estado de las autonomías.

No es el único de los hombres providenciales que la Historia puso al timón de un país que no sabía existir si no era en los extremos. Pero es uno de los más decisivos. Por eso tiene sentido detenerse en los últimos meses en que su figura ha sido zarandeada como nunca y lo que es más relevante, desde las filas de la propia izquierda. Desaparecidos Adolfo Suárez, Manuel Fraga, Santiago Carrillo o Jordi Solé Tura, Felipe González ha quedado como el referente más respetado y testigo del pacto constitucional que impide con su sola presencia el revisionismo oportunista que viene de la mano del populismo izquierdista. Solo desprestigiando, denigrando, marcando, difuminando la figura de González es posible engañar a nuevos y viejos indignados con el relato de que el régimen del 78 es la continuación del franquismo, como pretenden los nuevos profetas.

Por eso se ha convertido en la diana preferida de los ataques del podemismo y del propio socialismo acomplejado y aislado en muchas casas del pueblo. Esa es la 'operación Isidoro'. Que si hasta ahora no ha tenido éxito es porque uno de sus principales arietes, el caballo de Troya 'sanchista', ha sido lo suficientemente torpe como para dejar en evidencia parte de la tramoya. El engaño de Sánchez a González asegurando que en la segunda vuelta habría abstención socialista no era más que una maniobra para neutralizar la única voz que podía frenar el 'gobierno Frankenstein' que se estaba fraguando en bambalinas. La desactivación de ese proyecto de ejecutivo radical-independentista ha provocado una gran irritación en sus potenciales socios con el inefable Rufián intentando patéticamente derribar a Carrillo de su pedestal acusándole de pactar con «asesinos» el régimen del 78.