Las Provincias

MORAGUES, NI DE CONSUELO

No es la primera vez que arranca la legislatura sin un ministro valenciano. Ni siquiera es la primera vez que durante dos legislaturas consecutivas ningún miembro del gabinete primigenio ha nacido en la Comunitat. Desde Abril Martorell en el 79 y hasta que a Felipe González le salió de las narices en 1993, en la primera foto en la Moncloa no hubo ni rastro de ministros nacidos por estos lares. Luego, de matute y a mitad de curso, alguno se cuela, pero para empezar, poquita cosa. En esta joven democracia española, el número de ministros valencianos no llega en total ni a la quincena, menos que los gallegos y cerca de la mitad que los castellanoleoneses.

En 40 años, hay un ministro madrileño por cada 120.000 habitantes de la Comunidad de Madrid. En Castilla-León la ratio es aún más provechosa, tocan a 113.000 vecinos por cada ministro proveniente de las anchas tierras castellanas. En la Comunitat, desde la Transición, para parir un ministro se necesitan 385.000 valencianos. Peor lo tienen sobre todo en Murcia y, también es verdad, en Cataluña.

No es asunto baladí esto de la procedencia de los ministros. Al fin y al cabo, en Bruselas, la Comisión Europea asigna un comisario por país. Por algo será. En el Consell nacido del Pacto del Botánico tenían la esperanza de contar con algún valenciano con cartera ministerial. Sería de la derechona, sí, pero sería nuestra derechona, pensaron socialistas y nacionalistas. La vicepresidenta Mónica Oltra ironizó el viernes con que en Madrid tenían claro que acostarse con el PPCV es garantía de levantarse meado. No dio nombres la portavoz del Consell, si bien admitió que ella hubiese preferido contar con valencianos en el gabinete de Rajoy. Por algo sera. Interrogado algún miembro del Ejecutivo, se cita a Juan Carlos Moragues, el actual delegado del Gobierno en la Comunitat, como el mal menor. Hubo un tiempo en que el nacionalista Joan Baldoví se jactaba con que en un Gobierno central confluente, pedrosanchista y tal, sería posible que Fomento o Hacienda recayesen en manos valencianas. Por algo sería. De aquellos sueños despierta ahora la izquierda de la Comunitat considerando que el mal menor, un triste consuelo, supondría un Moragues ministro. Pero no. Sería lógico que los políticos valencianos fuesen bien mirados para asuntos como el comercio, turismo, cultura... y hasta las infraestructuras, teniendo en cuenta que contamos con el quinto puerto de Europa y con carreteras cuya conexión con el resto de España registran tránsitos mucho más numerosos que los viales cántabros o gallegos, lugar de procedencia de los últimos titulares de Fomento, un ministerio que no encabeza un valenciano desde hace 80 años, cuando se nombro a Julio Just, de Izquierda Republicana, y duró ocho meses.