Las Provincias

Del Instituto Cervantes que no pasen

La noticia de que, por primera vez, instituciones y entidades de la sierra murciana del Carche van a poder acogerse a las ayudas que el Consell destina a la promoción del valenciano ha sido mejor acogida en Murcia que en Valencia, donde salvo algún comentario político aislado, ha pasado completamente desapercibida. Suerte que ha tenido. Lo peor que les podría suceder a estos curiosos islotes idiomáticos y precisamente por ello merecedores de algún amparo valenciano es que su preservación se convirtiera en motivo de fricción interregional, como ha terminado ocurriendo en Aragón a propósito de la llamada Franja de Ponent, por culpa, las más de las veces, del pancatalanismo imperante en la Generalidad de Cataluña.

El Consell, gobernado en su vertiente cultural por los nacionalistas, ha decidido ahora asumir directamente la labor emprendida por la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) en 2005 cuando, a petición del Ayuntamiento de Yecla, comenzó a impartir un curso de valenciano en esta localidad. Clases que no sólo no despertaron suspicacias, sino que tuvieron tanto éxito -puntúan lo suyo a efectos concursales- que en 2010 pasaron a darse también en Jumilla y Abanilla/Favanella.

Por lo que en principio y mientras no se caiga en el error de confundir la patria con la lengua todo irá como la seda. Más volcados en el fomento de sus respectivos idiomas en el mundo que están el British Council, la Alliance Française, la Società Dante Alighieri o el Instituto Cervantes no estará el departamento de Vicent Marzà por más que se empeñe. Y no por ello despiertan recelos allá donde se implantan, a pesar de que con frecuencia tientan la suerte reivindicando innecesariamente el pasado colonial de ciertos territorios. ¿Dónde dirán que está instalada la delegación de Tetuán del organismo fundado por el Gobierno de Felipe González en 1991? Frente al Palacio Real y en uno de los primeros bloques construidos en el ensanche español, el edificio de Correos. No había otro sitio en la otrora capital del protectorado donde plantar esta pica.

Quiérese decir que mientras no pase de ahí la cosa, no ocurrirá nada. Pero como la Institució Alfons el Magnànim se ponga a reeditar estudios como los de J. Hinojosa, no, como los de Hinojosa, no porque en 'Jaime II y el esplendor de la Corona de Aragón' habla del «imperialismo barcelonés»; como las de Mª T Ferrer -'Entre la paz y la guerra: la corona catalano-aragonesa y Castilla en la Baja Edad Media'-, y la historia les haga caer en el irredentismo, acabarán reivindicando la titularidad de Caudete/Cabdet (Albacete) y la liarán. Porque no está el horno para bollos, que de la enseñanza del valenciano en el Carche no se ha quejado nadie, pero de que los huesos del Pleistoceno encontrados en una cantera de Quibas fueran trasladados a la Universidad de Elche por aquello de que Abanilla está en una frontera difusa, sí.