Las Provincias

CIEN VELAS

Un centenario da para muchas historias y el Mercado Central no es una excepción. Necesitaría varios volúmenes para reflejar los sueños, esfuerzos y anhelos de las mil familias que dependen de este edificio y sus clientes para comer todos los días. Por eso me quedo con la alegría de ayer envuelta en el aroma de la pólvora y las paellas, además de un puñado de reivindicaciones.

El Ayuntamiento se ha volcado con la celebración, no en vano se trata de un edificio municipal. El balcón del Consistorio estaba repleto de comerciantes dando la orden al pirotécnico para que diera inicio a la mascletà. Pero esa buena voluntad se convierte en inútil cuando se asiste a lo que pasa con el tráfico del entorno.

Ya les anticipo a los vendedores que no habrá marcha atrás en esto, dicho por el alcalde Joan Ribó. Da igual que el aparcamiento de Brujas carezca de fechas para su apertura, las restricciones al transporte privado se mantendrán o incluso serán mayores.

Lo mismo pasará con la reforma de la plaza de la Reina o la ampliación de aceras de la calle San Vicente Mártir. En ambos casos se trata de obras mucho más sencillas, la primera porque incluye el parking más rentable de la ciudad y la segunda porque es la continuación de una primera fase ya terminada.

Pero lo del parking de Brujas es harina de otro costal, una inversión con más incertidumbre para las empresas privadas. Además, a nadie se le escapa el detalle de que la Conselleria de Obras Públicas y el gobierno local tripartito han decidido tirar a la basura un proyecto de reurbanización listo para encargar para hacer otra cosa. El nuevo gobierno quiere dejar sello propio, aunque lo que salga de esto nadie lo sabe. Eso sí, seguro que será con demasiado retraso para muchos vendedores.

La climatización del edificio modernista es un imposible por la falta de financiación, aunque hay que conseguir la mejor comodidad en los duros meses de verano, que en Valencia se puede decir que se extiende a la mayor parte del año. Los ventiladores fueron un buen intento, aunque con un resultado más que discutible. Toca por parte del gobierno municipal idear alternativas.

El edificio está en buen estado de conservación, afirma el presidente de los comerciantes, Quico Dasí, aunque matiza que sí tienen un problema con algunas goteras, especialmente las que caen justo encima de los puestos. Las van arreglando como pueden con el dinero que da la autogestión, pero mucho más complicado se presentan las reparaciones en la cúpula central, donde hace falta colocar andamios a gran altura. Los 297 titulares no pueden hacer más que esperar a que los Presupuestos del Ayuntamiento incluyan una partida para estas obras.

La nueva ordenanza de mercados debe servir para poner orden incluso entre los vendedores y en el Mercado Central preocupa lo que pase con la duración de las concesiones. En el anterior mandato, cuando se redactó un borrador que finalmente no cuajó, los comerciantes llegaron a encargar un informe jurídico para introducir el concepto del valor económico, más allá del canon a la hora de pujar por los puestos. Es la garantía de que no llegará, lo digo casi en broma, un inversor del Lejano Oriente con el bolsillo repleto de billetes para quedarse un montón de puestos. Es de esperar que el concejal de Comercio, Carlos Galiana, tenga en cuenta la experiencia como un factor a la hora de puntuar las adjudicaciones.

Un centenario da también para echar un vistazo al futuro. El servicio a domicilio sufrió con la crisis y ahora está remontando al lograr reducirse los costes un 80% por la externalización. Los vendedores, apunta Dasí, ven una línea potente y consolidada después de 20 años, a lo que se añadió después las ventas por internet. Falta para eso la pequeña revolución pendiente y el reparto de tablets a todos los comercios participantes en el sistema, para que puedan actualizar su oferta en tiempo real.

Otra reivindicación en cartera es aprovechar la renovación del convenio de autogestión para lograr un poco más de autonomía, sobre todo a la hora de celebrar eventos fuera del horario comercial. Ahora, para cada uno necesitan un permiso diferente, lo que dificulta los trámites, teniendo en cuenta que el edificio acoge desde una cena ofrecida por una empresa norteamericana a sus clientes europeos como la presentación de un nuevo modelo de coche. El Ayuntamiento debe facilitar el trabajo a los vendedores teniendo en cuenta que el Central es siempre el mercado pionero y abre el camino al resto en Valencia.