Las Provincias

'Suspense' de última hora en Estados Unidos

La prensa escrita de prestigio de Estados Unidos sufre, de vez en cuando, una visible cura de humildad. Yo viví la de la guerra de Irak. Ninguno de los periódicos de solvencia cuestionó el acierto de la invasión de Irak ni la premisa en que estaba basada: la existencia de las armas de destrucción masiva. Todos apoyaron la intervención y creían firmemente que Sadam Husseim tenía las funestas armas. Yo también lo creí. Luego, vino el despertar y el llanto. Las había tenido y utilizado pero las había destruido.

En estos días, los periódicos deben aceptar que su influencia es limitada. Con la excepción del Wall Street Journal los diarios de peso estadounidenses, a la cabeza de los cuales estaría el New York Times, quizás el matutino de mayor influencia del mundo, han tomado claro partido por Hillary Clinton. Han atacado a Donald Trump y en las últimas semanas, cerca ya la elección, vituperado, rejoneado, al candidato republicano. Hay titulares destacados que subrayan que Trump es una amenaza existencial, que sería un peligro para el entramado constitucional de Estados Unidos y que confiar el gatillo nuclear a una persona de sus características es una temeridad de la que el país podría arrepentirse.

Bastante de esto es verdad, pero lo curioso es que los ciudadanos, una parte importante de ellos, no prestan excesiva atención a los avisos ominosos. La paradoja es que, a cinco días de las elecciones y mientras arrecian los ataques de los columnistas, Trump ha estrechado peligrosamente la distancia que lo separaba de Hillary en las encuestas. Hace un mes estaba a una distancia de 8 puntos de su rival demócrata, la semana pasada la diferencia se había encogido a 3 puntos y hoy está a menos de dos. Algo alarmante para los demócratas.

La razón de este viraje es, aparentemente, el último 'escándalo' que rodea a la señora Clinton. El Director de FBI, Comey, ha tomado, en las proximidades de la elección, el paso insólito de declarar que vuelve a reabrir el caso de los correos electrónicos que la señora Clinton envió por su servidor privado en vez de utilizar el cifrado del Departamento de Estado del que era Jefe. Que la señora Clinton actuó con enorme ligereza en sus comunicaciones cuando dirigía la diplomacia yanqui es sabido pero que Comey decida retomar el tema en fechas en que puede alterar el sentido del voto plantea muchos interrogantes. Los seguidores de Clinton, entre ellos el New York Times, insinúan que las motivaciones de Comey huelen mal, hay quien afirma que esto tiene un tufillo a lo Hoover, cuando el entonces todopoderoso Director del FBI socavaba la reputación de ciertos políticos... Los defensores de Comey sostienen que es un hombre de extraordinaria probidad, que fue nombrado por Obama y que cuando era Fiscal General del Estado se enfrentó furiosamente al republicano Bush cuando resultó que la Casa Blanca había dado ordenes de intervenir determinados correos privados. En los cenáculos de Washington se dice que Comey temía una revolución de su tropa quejosa de que se tuvieran excesivas contemplaciones con la señora Clinton. Muchos agentes del FBI se reconcomían de pensar que la ley era aplicable a todo el mundo excepto a algunos entre los que se encontraba el matrimonio Clinton. El Director del FBI, al que el propio Obama ha criticado por la revelación, habría actuado para calmar el celo profesional de sus huestes.

La elección, ante la incertidumbre, se calienta. Parece que la opinión pública ha asumido ya los defectos de Trump, que aparezca que ha manoseado a otra mujer en un ascensor no va a cambiar nada, pero la rumoreada duplicidad de Hillary tiene aún algún efecto. Han crecido los que piensan que no es ya que Hillary Clinton haya sido una descuidada en el manejo de comunicaciones oficiales sino que miente sin cesar. A cinco días de los elecciones los electores que manifiestan no confiar en la veracidad de los candidatos son mayoría. 59% no creen ni en la sinceridad de Trump ni en la de Clinton.

Pienso que la señora Clinton será la nueva Presidenta de los Estados Unidos pero va aún a pasar momentos de nerviosismo. Obama está echando el resto por ella -igual que la muy popular Michelle Obama- no sólo por defender a una correligionaria sino porque teme que Trump lapide todo lo que el ha conseguido, la reforma sanitaria, la lucha contra el cambio climático... Pero hasta el rabo todo es toro. No todas las mujeres van a votar a Hillary y ni siquiera los negros están ganados rotundamente a su causa. La votarán más que a Trump pero parece que no acudirán en masa a las urnas como hicieron con Obama. Muchos se quedarán en casa. Tendría gracia que fuera la minoría hispana, que se siente vejada por las frases que Trump profirió sobre ella, la que pusiera a Hillary Clinton en la Casa Blanca. Sería un hecho histórico. Una mujer en el puesto de más poder del mundo y puesta en el trono por una minoría que cuenta excesivamente en la política del país.