Las Provincias

SOBRAN LISTOS

Tenemos un serio problema en este país con el término medio. Aunque la realidad, a diferencia de la ficción, no tiene por qué ser coherente (como recordaba recientemente el escritor José María Merino), no vendría mal que de vez en cuando hubiera una excepción, como con las reglas ortográficas o las señales de prohibido aparcar.

Si hay quien ve en la tauromaquia el reflejo más claro de la españolidad (independientemente del lado desde el que tiren de la cuerda en las cosas nacionales), lo cierto es que la fiesta tiene seis toros por corrida y tres tercios por toro, pero al público sólo se le dejan dos opciones: o se sienta en la zona de sol o se sienta en la de sombra. Lo mismo ocurre en la economía española. Hace tiempo que nos dimos cuenta de que, si no compites en precio, habrá que hacerlo con otras habilidades con las que puedas mantener en pie los palos del sombrajo. Ahí es donde desde hace años se insiste en trabajar en la línea de la «sociedad del conocimiento».

Los profesionales tienen que formarse de forma continuada a lo largo de su vida laboral, los estudiantes tienen que estudiar más e intentar que cada uno llegue más lejos para que la acción colectiva permita al país alcanzar mayores cotas de prosperidad que nos hagan acercarnos al norte de Europa donde, en líneas generales, se come peor con una renta per cápita más alta.

Tonterías. En la Conselleria de Justicia, Administración Pública, Reformas Democráticas y Libertades Públicas (se recomienda no leerlo todo seguido sin tomar suficiente aire) han decidido excluir de una tacada al 25% de los aspirantes a unas oposiciones por... sobrecualificación. Los afectados son 62 ingenieros en informática que aspiraban a participar en las pruebas selectivas de acceso al cuerpo superior de gestión de ingeniería técnica informática, A2-02. La razón esgrimida es que el requisito es estar en posesión de la titulación de Grado, Ingeniería Técnica o Diplomatura en Informática. Vamos, que los excluidos habían estudiado dos años de más.

Como es lógico la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Ingenieros en Informática de la Comunidad Valenciana ha recurrido al Tribunal Superior de Justicia el concurso-oposición, entre otras cosas porque los tres primeros años de carrera, que es lo que duraba la ingeniería técnica, en casi todos los planes de estudios eran iguales en un 95%. Sin embargo, los titulados superiores continuaban sus estudios en un segundo ciclo, como señalan desde el colegio profesional.

Aunque la administración tiene la habilidad de llevar la lógica hasta el absurdo, lo cierto es que no es más que un buen reflejo de los problemas de la tierra, donde un profesional de alto nivel comprende temprano como la mejor salida que tiene en España es la de los Pirineos, sin poder devolver la inversión que sus conciudadanos han hecho en él.