Las Provincias

LA JUSTICIA

Por la balanza, por el equilibrio de los platillos que consigue una robusta matrona, a la Justicia se le reconoce rápidamente. Corona la finca historicista, neogótica, del arquitecto Francisco Mora. Tan simbólica figura representa a una entidad de seguros, La Equitativa, y viene a significar el reparto igual, correcto y justo, tan pregonado por las compañías que, mediante una prima, se encargan de proteger nuestro futuro, o garantizarlo pese a los riesgos. Tiempo hubo en el que a los agentes de seguros se les temía porque, tras su cordialidad y ancha sonrisa, desgranaban una serie de catástrofes que podían acontecer y problemas sin posible solución, por lo que se les tomaba por pájaros de mal agüero. Eran las décadas de la Vespa con sidecar, cuando los atracos en los bancos sólo sucedían en las películas americanas. Ahora, al contrario, se está padeciendo la fiebre del seguro y se quiere tener asegurado desde el ajuar isabelino de la abuela a la virginidad de la hija pequeña, para la que aún no se oferta póliza, a pesar de las violaciones y asesinatos. La matrona con su mensaje de equidad, en la plaza del Ayuntamiento, chaflán a la calle de Correos, mueve a la introspección; la gente asegurada, pero no segura, sabe cuán difícil resulta ser equitativo en cualquier faceta de la vida, hasta en la distribución de las horas, porque aquello de ocho para dormir, ocho para trabajar y ocho para el ocio y la relación familiar resulta decimonónico. Por un lado, los sindicatos pretenden disminuir las horas de trabajo semanal; los sociólogos aconsejan que abandonemos el televisor; y el padre, la madre y los hijos, que se comunicaban con hojas adhesivas pegadas al frigorífico, lo hacen ahora enviándose mensajes de móvil. En nuestra vida ya nada es equitativo y justo, como nos demuestran los fallos de la justicia ante el panorama de la corrupción, serial infinito. Claro que la desigualdad ya se inicia al nacer, donde empieza el condicionamiento físico, el lugar donde se llora por primera vez y nos acogen los apellidos, capaces de una marginación o de un recibimiento con abrazos abiertos.