Las Provincias

HOMBRES DE NEGRO

El Genovés me contó una vez que jugando una partida le vino de repente un fuerte olor a marihuana y que, tras la sorpresa inicial, abrió los pulmones y aspiró con todas sus fuerzas. Espero que a su edad, franqueados los 60, no le moleste que destape este más que inocente pecado de juventud, pero es lo primero que me ha venido a la mente al comparar a los pilotaris de antes con los de ahora. Fredi se apresura a recordar que ellos no eran tan laxos con la preparación física como el contraste, del antes al ahora, parece demostrar, y que él mismo, con frecuencia, salía a correr con buen tranco.

Es verdad que no deben ser tan distintos, a pesar del largo salto generacional, cuando Genovés sopló 60 velas en casa de Bene Vijuescas, un entusiasta aficionado de Vinalesa que también ha abierto sus puertas esta semana para ofrecer su proverbial cocina a Puchol II, del mismo pueblo, su protegido dentro del trinquete y flamante campeón individual.

Bene, con la ayuda de un pinche de lujo, su hijo David, que aprovecha las lecciones paternas para ganarse la vida como cocinero, agasajaron con suculentos bocados a Puchol II, su equipo de trabajo y algunos de sus feligreses, íntimos amigos, no podía ser de otra forma, de Bene Vijuescas.

A la mesa no podían faltar Agustí Larré y Domingo Palacios, dos licenciados en Educación Física que son los artífices de que el campeón llegara, como llegó, pletórico a la final de Pelayo. Su planteamiento desde Pilota 2.0, la plataforma desde la cual pretenden crear un método específico para los jugadores de pilota, parte de la filosofía de Fernando Rivas, el fabuloso entrenador de Carolina Marín, la onubense campeona olímpica y del mundo de bádminton. Rivas explica, como se puede ver en el 'Informe Robinson' -el mejor programa de deportes, junto a 'Conexión Vintage', de la televisión en España-dedicado a la campeona, que tenía dos opciones al programar su preparación. Una era copiar lo que hacen las asiáticas, las mejores del mundo en este deporte. Era lo más fácil, pero si escogía este camino preveía que su tope sería acercarse a ellas. Así que se fue por el camino más difícil y arriesgado, crear un sistema nuevo, y propio, para ir un poco más lejos y terminar superándolas. La historia de Carolina Marín ya la conocemos todos. Es la mejor del mundo.

Larré y Palacios también optaron por sacar el machete y despejar una nueva senda. Los fundadores de Pilota 2.0 se apoyaron en la tecnología para exprimir a sus alumnos, como Puchol II y Marc. Aunque no hay método infalible, no hay sistema que triunfe sin un cliente proactivo. Y Pucholet es un entusiasta de la preparación física como ya lo fue en su día Álvaro, el punto de inflexión de una época a la actual, que atesora once títulos individuales.

Álvaro fue el primero en ponerse en las manos de Pepe Martí, un preparador físico valenciano de infausto recuerdo, sancionado hasta 2020 por su participación en la trama de dopaje de Lance Armstrong, una de las mayores mentiras de la historia del deporte.

Con el tiempo acabaron rompiendo, pero Martí, que también guiaba la preparación de Alberto Contador, encontró un nuevo pilotari como cliente: Soro III. El ya excampeón individual jamás ha censurado a su entrenador y cuando ya era público el informe que detallaba el papel de Martí en este turbio asunto, le dedicó uno de sus títulos. Yo pregunto y ya nadie sabe con quién se prepara, sobre todo porque nadie se atreve a preguntarle y en Val Net y en la federación miraron hacia otro lado y se pusieron a silbar.

Agustí Larré y Domingo Palacios estuvieron el domingo en primera fila. Los dos de negro. Los dos con su Apple Watch en la muñeca. Los dos con su nuevo método bajo el brazo. Y por primera vez vi en un trinquete un fardo relleno de hielo para reducir la temperatura corporal de Puchol, el nuevo campéon del mano a mano. Su trabajo ya tiene premio.

Mientras Puchol II se hacía fotos con medio trinquete, me acerqué a hablar con los hombres de negro y les pregunté qué es lo que más detesta el jugador de una preparación que dura tres meses. Su respuesta me sorprendió: «Lo que menos le gusta es ir al trinquete». No a jugar, sino a entrenar. Todo eso de prepararse las manos y ponerse a pelotear sin mayor aliciente no le motiva. Nuevos tiempos.