Las Provincias

Las elecciones de todos

Los Estados Unidos son la primera potencia mundial en lo económico y en lo político, y sus vicisitudes afectan a todo el orbe, y muy especialmente a Europa, que comparte con ellos el patrimonio intelectual de eso que llamamos Occidente. Por ello, las grandes decisiones electorales norteamericanas repercuten en todo el escenario global. En las elecciones del próximo martes no sólo se decidirá una disyuntiva ideológica entre un candidato más conservador y otro más cercano a la socialdemocracia: la disputa es entre una mujer progresista que defiende, al menos nominalmente, los grandes valores de la democracia USA, y un patán misógino y primitivo, heredero de una ingente fortuna, que mantiene un discurso primario y que ha alardeado de su comportamiento brutal con las mujeres. Dicho esto, es claro que la autonomía de los presidentes norteamericanos es limitada, y ni Clinton conseguirá sublimar sus proyectos más ambiciosos, ni Trump contagiará su decadente mediocridad a unas instituciones seculares que están a salvo de la arbitrariedad. En la práctica, y en el terreno de la economía, ambos candidatos son conscientes del rechazo de las clases medias a la globalización, por lo que parece seguro que soplarán pronto vientos proteccionistas, gane quien gane. Trump ya ha anunciado su rechazo al TTIP, que para Clinton es asunto secundario. Las diferencias se harán sobre todo sensibles en determinados sectores: si ganan los republicanos, ganarán las empresas energéticas del sector petrolífero, las de defensa y las farmacéuticas; si ganan los demócratas, las ventajas serán para las empresas de energías renovables. Las constructoras españolas, con buena parte de su negocio en EE UU, tienen poco que temer porque ambos candidatos son conscientes de la necesidad de renovar las viejas infraestructuras, faltas de inversión desde hace tiempo. En definitiva, si en lo político la controversia es seria, casi dramática, en lo económico las diferencias son limitadas.