Las Provincias

Ahora está todo en internet

En uno de tantos correos electrónicos que me llegan cada día, donde puedes encontrar desde las convocatorias del Ayuntamiento de Borriol, vete tú a saber la razón, hasta los de una plataforma ciudadana que reivindica la autonomía para el País Leonés, también recibo la invitación para una jornada que trata (transcribo literalmente) el papel de la industria 4.0 en la transformación de los modelos industriales. ¡Cáspita!, me digo, la industria 4.0 y yo sin enterarme, yo que pensaba que estaría todavía por la 2.0 o como mucho la 2,5.0 y resulta que no, que ya vamos por la 4.0. En fin, problemas de mi falta de adaptación digital. De hecho, me informa mi hijo Álex que entre la gente de su edad es moneda de uso corriente recurrir a los llamados tutoriales de internet, en los que está todo. No ya los típicos de cómo hacer el nudo de la corbata o cómo ponerse el pañuelo en el bolsillo de la chaqueta, sea recto, con un pico o con dos, sino cualquier cosa, lo impensable, desde reparaciones domésticas hasta recetas de cocina. Es más, me cuenta que hace poco un grupo de amigos recurrió a uno de estos tutoriales para hacer un arroz al horno. Uno de ellos sacó el móvil, tecleó 'Cómo hacer un arroz al horno' y dicho y hecho, un video con todos los pasos a seguir, explicado minuciosamente. Qué bueno, qué ventaja, qué avance, qué maravilla. Antes, le digo yo, en la prehistoria, las cosas eran muy diferentes, no teníamos más remedio que hacer uso de las enciclopedias para los deberes de clase (ahora, como ya no va a haber deberes, que al fin y al cabo seguro que son una reminiscencia franquista...), buscábamos en viejas revistas y periódicos, y acudíamos a nuestros mayores como fuente de autoridad, mamá ¿te acuerdas de qué fecha es la batalla de...?, papá, ¿qué rey vino después de...?, y cuando llegado el caso tenías que hacer un arroz al horno, pues llamabas a la tía Cristina y le decías, tía Cristina, vente a comer a casa el sábado y nos preparas un arroz al horno y así, de paso, María José y yo aprendemos a hacerlo. Y llegaba el sábado y la tía Cristina aparecía en tu casa con el arreglo que había comprando en el mercado de Ruzafa -en un sitio que conozco y que me lo preparan muy bien y a muy buen precio- y se ponía un delantal y comenzaba la clase práctica, la explicación de la falla, primero el sofritito, todo con mucha calma, sin estresarse, con un caos indescriptible en la cocina, eso sí, pero artesanal cien por cien, como se ha hecho toda la vida, como lo hacíamos en Picassent y luego lo llevábamos al horno del pueblo, como hacía todo el mundo, paseábamos la cazuela con su morcillita, sus costillitas, las patatas, el tomate, los garbanzos... en fin, una maravilla. Pero aquello fue mucho antes de internet, donde ahora, como digo y como puede comprobar cualquiera, se encuentra todo, pero todo, todo. Por cierto, hijo, ¿qué tal os quedó el arroz al horno que hicisteis con el tutorial de internet? Un asco, papá, un asco.