Las Provincias

LA TELEVISIÓN DE LA REINA FABIOLA

Estoy seguro de que fue allí. Mi encuentro con la televisión, mi descubrimiento, formal y serio, del gran invento del siglo, se produjo en una papelería que funcionaba en la esquina de la calle de Guillem de Castro con la de Quart, frente a las gloriosas torres. El propietario del establecimiento, uniéndose a la modernidad y al regocijo nacional, había instalado un televisor, su televisor familiar, en el escaparate. Y allí, junto con un grupo asombrado de vecinos y vecinas, me fue dado ver, en directo, un hecho internacional que ocurría en el mismo instante: la boda de la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón con el rey de los belgas, Balduino.

La televisión venía de antes; muchos valencianos la habíamos visto funcionar en alguna tienda especializada, o en casa de un vecino. Se acaba de cumplir el 60º aniversario del comienzo de las emisiones regulares de TVE desde los estudios del madrileño paseo de la Habana, el 28 de octubre de 1956; pero en Valencia, hasta 1960 no hubo modo de ver televisión. Los enlaces hertzianos entre Madrid y las principales ciudades españolas se establecieron en 1959; y fue el 2 de septiembre de 1960 cuando el Ayuntamiento de Valencia tomó el acuerdo de contribuir con un millón de pesetas a la colocación de la primera antena televisiva al servicio de la ciudad y de l'Horta, que estuvo -y todavía está- en las alturas del Vedat, en Torrent.

Se asegura que en medio de la guerra civil el general Franco encontró tiempo para asistir a una demostración televisiva, la primera de España, a cargo de los técnicos de la empresa Telefunken. Sin embargo, hasta el 15 de diciembre de 1960, cuando Balduino y Fabiola se casaron en la catedral de Santa Gúdula, no se produjo una verdadera oleada de interés popular por el invento, que se empezó a ver así, en los escaparates o las tiendas, como una gran curiosidad de feria. La boda de Bruselas dio pie a la primera interconexión eurovisiva; fue la primera emisión que saltó fronteras y la primera en la que TVE se comunicó con el exterior. Fue, en definitiva, un hito que los valencianos siguieron con asombro, entre las veladuras o la nieve que solía acompañar unas emisiones llenas de defectos técnicos.

En los primeros años sesenta pocas familias valencianas tenían televisor. Normalmente se dio prioridad a la compra del frigorífico y la lavadora, dentro del proceso de introducción de novedades en el catálogo familiar de desarrollo. En muchas ocasiones, el dilema familiar fue el de optar entre la moto y el televisor; o el de ver si el pago de la letra del televisor era compatible con el del coche.

Cuando no se podía tener un receptor, se optaba por granjearse la bondad de un pariente o un vecino que invitaba a verla e incluso daba café. Las veladas en torno a 'Escala en Hi-Fi', en 1961, y en el otoño de 1962, al calor de 'Esta es su vida', presentado por Federico Gallo, fueron memorables; las series 'Perry Mason' (1960) y 'Bonanza» (1962) lograban que todos los vecinos de un edificio se concentraran en casa del dueño de un televisor a la hora de emisión.

La venta de aparatos razonablemente asequibles comenzó a extenderse en España en 1962. LAS PROVINCIAS, ese año, empezó a publicar, de manera profusa, anuncios de receptores -Marconi, Radiodina, Telefunken, Phillips, Kolster...- que irían llenando los hogares conforme se perfeccionaban las condiciones técnicas y TVE mejoraba y extendía su programación. En ese sentido, los meses anteriores al Mundial de Fútbol del año 1962 marcan un antes y un después, tanto en la venta de televisores como en la presencia de anuncios de receptores en los periódicos.