Las Provincias

GOBIERNO DE LEALES

De Francisco Camps, igual que de Eduardo Zaplana, se decía siempre que las remodelaciones de sus respectivos Gobiernos iban siempre en la línea de reforzar y consolidar su posición política. «Es un Gobierno muy de Camps» o «muy de Zaplana», se decía. Como si ser el presidente de la Generalitat no fuera suficiente garantía de poder, los dos expresidentes de la Generalitat aprovechaban las crisis del Consell para reajustar a sus peones, dar visibilidad a quienes aparentemente no habían hecho ningún merecimiento para disfrutarla y cortar las alas de quienes pudieran pensarse (insensatos ellos) que estaban llamados a asumir mayores responsabilidades. Una especie de ajuste de cuentas interno que siempre se solventaba con ese «el presidente maneja muy bien los tiempos» -que es como se denominaba a retrasarlo todo hasta el aburrimiento-. El nuevo Gobierno de Rajoy -nuevo porque lo acaba de nombrar, no por otra cosa- me ha hecho recordar aquellos movimientos en los que el que preside procura dejar claro a los demás que el que manda es él, y nada más que él. Se lo ha dejado clarito a Soraya, se lo dijo con meridiana claridad a García Margallo y hasta se lo ha hecho ver a Cospedal. Manda él. Rajoy ha presentado un gobierno de leales. Leales a él, se entiende, porque a él le tendrán que agradecer el nombramiento muchos de los nuevos ministros. Y leales a él, porque muchos de los que siguen lo hacen porque han conseguido mantenerse alejados de los rumores de conspiraciones que entraban y salían por la puerta de la calle Génova. Sáenz de Santamaría pierde Comunicación y tiene desde ahora sobre su mesa el marrón de Cataluña y el de la reforma del sistema de financiación autonómica. La número dos del PP, Cospedal, 'disfruta' de una cartera sin peso político -Defensa-. Y mucho soprendería que no tuviera que preparar una sucesión, la suya, cantada en beneficio de Martínez Maillo. De ese cambio, si finalmente se produce, Rita Barberá es la que más tiene que perder. Que ninguno de los representantes del nuevo PP -léase los Casado, Maroto, Levy y el propio Maillo- hayan entrado en el Gobierno también les debería hacer reflexionar, si es que no lo sospechaban. ¿Y al PP valenciano? Soy de los que considera importante, pero no dramático, la ausencia de ministros valencianos. Y también de los que supone que el segundo escalón debería corregir ese 'olvido'. Ocupar una secretaría de Estado, una secretaría general o una dirección general no son asuntos menores como para considerarlos migajas -que se lo pregunten a Juan Carlos Moragues-. En todo caso, cualquiera cambiaría un ministro valenciano por la condonación de la deuda o porque el Gobierno doblara sus inversiones en la Comunitat. Lo decida un valenciano o un conquense.