Las Provincias

Damas

Alguien dijo que el rumor es la información callejera que entretiene al pobre. Durante un tiempo circuló un rumor sobre la esposa de Pedro Sánchez. La chismografía cuajada de malicia basurera afirmaba que estaba loooca por convertirse en primera dama para vivir en la Moncloa. Ser primera dama no es, desde luego, moco de pavo. Últimamente me fijo mucho en los pómulos acaso artificiales y afilados de Melania, la esposa (creo que tercera) de Donald Trump. Trump y sus hijos. Trump y sus misses. Trump y su extraño pelazo Fructis de Panten. Trump y sus exesposas. Trump y Melania. Trump y Trump.

Con Trump parece que el mundo avanza a trompicones sincopados, termonucleares. A Melania le están ofreciendo cancha por si repela algún voto femenino de botox y susurro a base de boquita de piñón. Me la imagino de primera dama y desde luego el palmito, con esa belleza gélida, hierática y tan del Este, sí lucirá.

Observo la tendencia de los líderes políticos por unir sus destinos junto a mujeres hermosas que vienen de la pasarela o la farándula. Sarkozy se convirtió en pionero al desposar a Carla Bruni.

Me encanta también como redimen su pasado pecador y felino de fotografía con los senos al aire componiendo aire de modosa. Sí, fui joven y salvaje, pero eso se acabó y ahora soy una maripuri que ayuda en todo al marido adoptando pose de diligente esfinge. Kennedy consiguió una esposa que destilaba clase a raudales pero la cuerneaba con las jacarandosas que se deslizaban en su lecho. Hollande yacía con una actriz y Mitterand mantenía una familia doble.

Pero la moda de las modelos se impondrá porque todo lo que viene del Imperio termina triunfando. Aquí las modelos se juntan con los fútbolistas y las folclóricas con los toreros. Nos falta un gerifalte político con la chica turgente y cañón. Poco a poco.