Las Provincias

Cospedal y la cabra

Al PP le hace falta una Leire Pajín. O quizás la tiene pero está muy oculta y mucho oculta. Por eso, voy a asumir su papel por un momento para proclamar el advenimiento de una conjunción planetaria verdaderamente histórica. Si en tiempos de Pajín, se unieron dos grandes líderes como Obama en la Casa Blanca y Zapatero, en La Moncloa, ahora se anuncia un choque de fuerzas intergalácticas de dimensiones cósmicas cuyas consecuencias apenas podemos intuir. Me refiero a Donald Trump en el Despacho Oval y Mª Dolores de Cospedal, en Defensa. En la defensa nacional, quiero decir; no en la del PP, como hasta ahora.

Está por confirmar que, en efecto, Trump gobierne los destinos de Estados Unidos, pero es ya seguro que Cospedal dirigirá los ejércitos, las maniobras y hasta la cabra de la legión, que realmente es cabrón pero no se llama Luis. Así, si aciertan algunos sondeos, un sutil e imperceptible hilo mágico unirá (a la ministra, no a la cabra) con el presidente americano, no el macho cabrío. Aproximadamente. Será una conjunción como la de José Luis y Barack respecto a las bases militares, a la OTAN, a las guerras estratégicas o a las colaboraciones entre fuerzas de combate.

Pero no todo es color de rosa. No me imagino al líder del mundo libre -como gustan en llamar al Presidente algunas series de televisión sobre la Casa Blanca- discutiendo amigablemente con una mujer sobre el ejército y la guerra. No lo veo confiar en el juicio de una fémina para esos menesteres ni lo visualizo discutiendo de estrategia militar con Melania durante el desayuno. Trump parece más de los que animan a los invitados a pasar a la biblioteca (valga la paradoja) mientras las mujeres visitan el vestidor de la anfitriona. Sin embargo, no será un obstáculo estrictamente español, es cierto. Para los norteamericanos, el problema de elegir a Trump es que no está claro que su presidente negocie con sus homónimas femeninas del mismo modo que con los masculinos. Para los españoles, el de ver pocas oportunidades de que se presente esa circunstancia habida cuenta de la escasa presencia femenina en el gobierno.

No es mucho mayor la cuota valenciana, reducida a un 0%. Se queja de ello el tripartito del Botànic, pero olvida en su lamento que el argumento puede volverse en su contra. Si su visión del nuevo gobierno es negativa y se resume en continuismo, paralización y enrocamiento, solo puede aplaudirse la carencia valenciana. Con su reproche, está sentando las bases para afirmar lo contrario. Si el gobierno de Rajoy es malo malísimo, la ausencia beneficia al PPCV. Si, por el contrario, haría bien la inclusión de un valenciano en él, no será tan pérfido. Su protesta tiene algo de contradictorio. Malo es ser ministro de Rajoy y peor, no serlo. Después de eso, Bonig debería arrancarse con una copla: «Ni contigo ni sin ti/tienen mis males remedio;/contigo, porque me matas/ y sin ti, porque me muero».