Las Provincias

JE SUIS CHENOA

Durante años ha pensado que el amor mueve el mundo. Aun hoy lo sigue pensando pero a veces, con las prisas, se le olvida. Días como el miércoles de esta semana, disfrazado de lunes perezoso y atropellado. En la pausa de la comida, el grueso de la agencia debatía sobre la existencia de la cobra de Bisbal a Chenoa. Y ella tuvo que confesar que no vio la Gala de Operación Triunfo. Como buena periodista, tuvo que documentarse y ver de tapadillo 'Escondidos'. En YouTube, pudo observar cómo Chenoa hacía lo que podía para no desaparecer del escenario del Palau Sant Jordi. Sus compañeros afirmaban que vieron 'de pequeños' OT y se acordaban a la perfección de Javián, Naim Thomas, Vero y una tal Geno, a quien fue incapaz de recordar porque la meninge no le dio para más. Con incredulidad, recuerda cómo por aquella época, para la despedida de una amiga, encargaron una tarta con la cara de Bisbal. Sea como fuere, vio la actuación de aquella ex pareja y se quedó fría. Acusó la pésima performance de ella por la presión. Bisbal ha triunfado con todas las letras, atesora discos de platino y varios Grammies mientras que ella no deja de ser una cantante de orquesta venida a más. Los complejos minan más que la kriptonita. Pero no. Sus amigas Drama Queen y los chicos de su trabajo optaron porque ella no le podía mirar a la cara porque aún le amaba. Y entonces su parte racional entra en tromba y piensa que Chenoa tan solo trataba de defender su dignidad y calidad profesional y que no hay desamor que 15 años dure. Después, sus pepitos grillos le dicen que lo peor que le puede pasar a una historia es cierre abrupto e inconcluso. Y entonces recuerda lo más importante del mundo y sonríe. Y por fin, da su brazo a torcer. Todos hemos sido Chenoa. Alguna vez.