Las Provincias

PRIETAS LAS FILAS

Es imposible no estar de acuerdo con lo que dice Pablo Iglesias para justificar la actuación de Ramón Espinar: «hizo lo que cualquier persona». En efecto, al verse en apuros y no poder hacer frente a los pagos de la hipoteca, la vendió y obtuvo una plusvalía por la operación. Cosa bien diferente, aunque eso ya no lo diga el líder de Podemos, es cómo un estudiante de 23 años llegó a ser 'agraciado' con una vivienda de promoción pública (¿no había aspirantes más necesitados que él?), sin sorteo y sin estar empadronado en Alcobendas. Y por supuesto, el hoy senador no puede presentarse como un ciudadano normal, un chaval que sufre los vaivenes del mercado laboral, de la precariedad en el empleo, de los sueldos bajos, una víctima de los tiempos de la burbuja inmobiliaria. Porque a los 23 años son muy pocos los jóvenes que se van de casa a un piso propio, salvo los privilegiados, los hijos de la casta. Pero lo más llamativo de la defensa de Iglesias no es tanto sus argumentos como el hecho en sí del cierre de filas en torno al señalado. En esto, como en tantas otras cosas, la nueva política se parece mucho a la vieja, a la de siempre, a la del PP y el PSOE. Lo que han hecho Iglesias, Echenique, Irene Montero y tantos otros cargos del partido morado es exactamente lo mismo que hemos oído y leído cuando un dirigente del PP -salvando las distancias y sin poner en la misma balanza los casos- se ha visto envuelto en un escándalo de corrupción. Cerrar filas con el compañero y apuntar a un enemigo exterior, una conspiración que trataría de desequilibrar el orden y la paz interior del partido, influyendo en un determinado proceso (en este caso la elección del líder de Podemos en Madrid) o favoreciendo a un rival, que sería quien desde la sombra movería los hilos. La famosa conspiración judeo-masónica que ya ha conocido tantas y tantas versiones: quieren acabar con Valencia porque nos tienen envidia (Camps), es una operación contra Cataluña (Mas)... A favor de cualquier implicado en presuntas irregularidades juega el principio constitucional de la presunción de inocencia, por lo que la actitud de los partidos no debería ser la obvia -apoyar a uno de los suyos- sino justamente la contraria, ponerse en cabeza de los que reclaman explicaciones por el buen nombre de la organización, sin que eso signifique condenarlo antes de que se siente ante un juez, si es que tal extremo llega a producirse. En este caso, Podemos ha actuado exactamente igual que el PP, el PSOE, la exConvergència y, en fin, todos los señalados por asuntos turbios. Talmente parece que todos ellos, de izquierdas o de derechas, procedan de aquel Frente de Juventudes que cantaba: «Prietas las filas,/ recias, marciales,/ nuestra escuadras van/ cara al mañana/ que nos promete/ Patria, Justicia y Pan».