Las Provincias

UN LOBITO

Admirable el olfato y la perspicacia del furioso Ramón Espinar (junior) a la hora de cosechar pingües beneficios en un tiempo récord gracias a una operación especulativa amparada por su privilegiado entorno. Y con sólo 21 tiernos años. Un prodigio, este joven. Si Leo DiCaprio encarnó con brío al lobo de Wall Street, aquel joven Ramón se convirtió en el lobito de Alcobendas, y si no progresó más en el cochino mundo capitalista fue porque abrazó la política para defendernos de los villanos explotadores que devastan al débil.

Debería ofrecer conferencias en las escuelas de negocios para explicar cómo un sencillo estudiante consigue un pelotazo mientras chupa de una golosona beca. Los pasos parecen sencillos: me ayuda la parentela, me conceden una hipoteca y vendo sin ni siquiera vivir en el pisito para arramblar una plusvalía estupenda. Lo malo de estos podemitas que justifican lo injustificable es que se hunden en el fango al que apelan porque se confunden en su eterna, interminable palabrería. ¿Y no pensó que no podría pagar la hipoteca? ¿Y no podía su familia sufragarle el master y el ordenata en vez de embarcarle en trapicheos dudosos? Todo apesta en un tipo preñado de ira que repartía lecciones que jamás se aplicó. Él se defiende gatuno panza arriba y sus mariachis cierran filas, pero del ridículo y del bochorno no les librá nadie. Se confiesa, el anticapitalista que aprovechó las mieles del capitalismo bastardo que nace del tráfico de influencias, «golpeado y dolido». No, querido y precoz genio de la inmobiliaria, golpeados y dolidos yacieron los guardias civiles que sufrieron la agresión de los cafres de Alsasua, y tú y los tuyos os rompéis las manos aplaudiendo a sus jefes. Tú nunca conociste el dolor, pero encima gastas la piel fina de los listillos que tiemblan ante el primer revés.