Las Provincias

IGUALDAD ZOMBI

Un año más, he dejado lo del disfraz de Halloween para el último momento. Parece que lo que me da miedo de verdad es organizarme. En un hueco libre que tuve el día 31 por la tarde, apurando como para batir algún récord Guinness, me puse a cotillear catálogos de tiendas de la zona. Como la originalidad no era algo opcional al buscar un disfraz en plena cuenta atrás hasta la hora de Halloween, me decanté por dirigirme a las apuestas seguras: el Joker, Poison Ivy o algún supervillano del estilo, Freddy Krueger y sus zarpas o Beetlejuice, y así no necesitaba peinarme. Seguro que habría triunfado más con alguno con forma de móvil quemado de esos que explotan o con un papel en la cara que rezara "Terceras elecciones", pero no había nada parecido en la tienda online. Una pena. Sobre todo porque las tiendas más convencionales, o al menos con las que me topo cada año, tienen la manía de tergiversar los disfraces según el sexo hasta convertirlos en una auténtica caricatura. Que todos los disfraces femeninos sean con falda igual no habría estado mal en el siglo XIII. Pero, personalmente, un Beetlejuice con corsé ajustado y tutú (respetando los colores, eso sí), me da más risa que miedo. Un Freddy Krueger que en su versión femenina lleva un vestido a rayas en lugar de un jersey da la impresión de que el asesino se equivocó de talla a la hora de encargar su atuendo por internet. Que haya que cambiar un traje o una camiseta por un vestido ajustado para adaptar un disfraz de un personaje masculino a una mujer es demasiado absurdo como para no reírse al pasar por el escaparate. Menos mal que al volver a casa al acabar la fiesta, ya después de haber pedido unas cuantas copas, cualquier disfraz, con falda o pantalón, se convierte en uno de zombi. La igualdad de los muertos vivientes.