Las Provincias

MENUDA SUPERIORIDAD

Es sabido que el discurso de la izquierda política se basa en su pretendida superioridad moral sobre la derecha. Los unos (ellos, la izquierda, los progresistas) serían los abanderados de la decencia, los defensores del pueblo llano, de la gente sencilla, de los descamisados que dijo Alfonso Guerra, ya saben, los parias de la Tierra, la famélica legión, según la letra de 'La internacional' que algunos todavía entonan puño en alto. Los otros (la derecha, los conservadores) encarnarían por el contrario el intento de mantener los viejos privilegios de castas como la aristocracia, la Iglesia, los militares, los millonarios. En su relato simplón, infantil y completamente superado a estas alturas del siglo XXI, la izquierda tendría una especie de derecho natural a ejercer el gobierno, aunque eventualmente los ciudadanos decidan libremente otra cosa. En dichas ocasiones, los más radicales acuñan lo de «Gobierno ilegítimo» o se atrincheran en el poder haciendo uso de todos los mecanismos a su alcance, legales o ilegales, incluso de la fuerza, como en Venezuela. Sin embargo, si nos detenemos a ver qué es lo que está ocurriendo ahora mismo con la izquierda en España, y en Valencia en particular, veremos que ese discurso de la superioridad moral se resquebraja. Empezando por el PSOE, que se ha partido en dos (los de Pedro Sánchez y los de Susana Díaz), siguiendo por Podemos, igualmente dividido entre los de Iglesias y los de Errejón, continuando por Izquierda Unida (los favorables a pactar con Podemos, con Garzón al frente, y los que querían mantener su independencia) y acabando, aquí en la Comunitat, por un Compromís donde conviven (de aquella manera) nacionalistas y no tan nacionalistas, izquierdistas y no tan izquierdistas, ecologistas, excomunistas... todos ellos juntos pero revueltos, muy revueltos. Algunas de estas discrepancias en el seno de los partidos son ideológicas (federalistas contra autonomistas en el PSOE) o estratégicas (mensaje radical, de combate y contra el sistema o viaje hacia el centro y la moderación en Podemos), pero también hay luchas de poder, afán de protagonismo, ambición desmedida, envidias, cuotas, familias, repartos territoriales... Esa izquierda que dice ser moralmente superior da la sensación de ejército de Pancho Villa, especialmente allí donde gobierna, como en Valencia, donde las sonrisas postizas ante las cámaras dan paso a críticas por la espalda y a movimientos a la búsqueda de recambios para altos cargos que no dan la talla, consellers a los que les viene muy grande el departamento o alcaldes que jamás soñaron con llegar a donde están. Cada grupo o grupúsculo sostiene que es el guardián de las esencias pero todos juntos no dan precisamente la impresión de ser superiores a nadie ni a nada.