Las Provincias

Escribir a mano

Conmigo los cuadernos Rubio no cumplieron su objetivo. Tengo una caligrafía terrible. Desgarbada, ininteligible, nada atractiva. Mis letras no se llevan bien entre ellas, algunas no llegan a llevarse bien ni siquiera con ellas mismas. Se me caen los renglones encima. Siempre me ha gustado mucho escribir, desde que era un crío. No era raro encontrarse en mi habitación de niño folios enteros con textos que se ocurrían o con vivencias que no quería que se me olvidaran. Nunca tuve preocupación por esconder aquellos manuscritos o dejarlos, al menos, en un lugar poco visible. No temía que nadie fuese a leerlos. Resultaba tan complicado enfrentarse a mi manera (gráfica) de escribir que a nadie le merecía la pena semejante esfuerzo. Ya podía yo estar contando ahí mis memorias o desvelando el secreto de la Coca Cola que no se iba a enterar. Me pasaba también con los apuntes en el instituto y la facultad. Nadie me los pedía. No les culpo. Para comprender lo que allí estaba estampado habría que ponerse con la misma predisposición que quien pretende resolver los jeroglíficos egipcios. Lo importante es que yo sí me entendía, me traducía a mí mismo. A veces con dificultad. Me sigue pasando de hecho. En las ruedas de prensa suelo tomar nota a mano y luego en en mi mesa me detengo varios minutos ante mi libreta para llegar a saber lo que está anotado. Al final lo consigo. Es lo mismo que se dice con esas personas que tienen un orden dentro del gran desorden, esas que dentro del caos consiguen encontrar lo que buscan. Es un caos, sí. Pero es su caos. Pues con mi letra sucede algo similar. Es un galimatías, sí. Pero es mi galimatías y termino domándolo como quiero.

Estamos condenados a entendernos. Aunque esto sea cada vez más extraño. Escribir a mano es una actividad arcaica, en desuso, que no tardará en pasar al olvido, como llamar por teléfono desde las cabinas o enviar cartas. Quien lo hace es ya, de hecho, un bicho raro. Un estudio mostraba hace pocos días cómo la tecnología ha transformado nuestros hábitos de escritura. Según el informe el 75% de los españoles escribe a diario usando un teclado, del móvil, de la tablet o del ordenador. Es decir, tres de cada cuatro españoles ya escriben habitualmente con teclado. Otra encuesta descubría que se recurre a la escritura a mano para temas selectivos como redactar la lista de la compra o corregir textos.

Algunos estudios de neuroimagen han demostrado que este nuevo hábito no es del todo positivo para el cerebro, puesto que se nos activa más cuando se escribe que cuando se teclea. Más allá de las investigaciones científicas lo cierto es que lo manuscrito a mano mantiene un valor emocional mucho más grande que lo que está mecanografiado con cualquier aparato. Para escribir sobre algunas cuestiones debería seguir haciéndose a mano. No se lee igual un perdón o un te quiero si no se reconoce la letra de quien está detrás. Aunque la letra sea tan catastrófica como la mía.