Las Provincias

Orwell y Trump

El lenguaje de la política está diseñado para hacer que las mentiras suenen a verdad», dijo el escritor George Orwell. Para demostrar lo que podría suceder si la falsedad se repite sin contradicción, su novela más famosa, '1984', termina con el protagonista, Winston Smith, afirmando que la suma dos más dos es cinco. Es la fórmula repetida por el Gran Hermano. ¿Una pura ficción? Claro que sí, pero muchos comentaristas y politólogos ya están preocupados por una tendencia emergente en la comunicación de la política. Una nueva frase ha entrado en el léxico de análisis: la 'política posverdad'. La actualidad ofrece dos ejemplos actuales de por qué todos deberíamos estar preocupados. Nos indican que no hace falta ni argumentos sólidos y contrastados ni hechos para que una campaña electoral triunfe. Lo más importante son unos pocos mensajes sencillos dirigidos sin cesar a las emociones.

El primer ejemplo de una campaña exitosa que consiguió el triunfo fue el referéndum del 'Brexit' en Reino Unido. Como era de esperar, el debate sobre si el país debe permanecer o no en el Unión Europea fue muy discutido y con las emociones a flor de piel en los dos bandos. Después de todo, la política y las pasiones andan de la mano y en ese sentido, fue una campaña normal. Pero una novedad -y algo anormal- era la medida en que la campaña de 'Brexit' se centró en mensajes emocionales. No solo sin fundamento, sino basados en la falsedades demostrables. La campaña a favor del 'out' afirmó que Turquía estaba a punto de unirse a la UE, con una ola masiva de turcos llegando a Gran Bretaña; o que el Reino Unido hace transferencias del sistema de sanidad a Bruselas. Las dos afirmaciones figuraban entre otras completamente falsas para apoyar el lema central de la campaña 'Queremos que nos devuelvan nuestro país'. Ahora, ni siquiera a los líderes les interesa defender su campaña. Con una franqueza absoluta uno ha comentado que los defensores del 'brexit' adoptaron «un enfoque igual que las campañas en los Estados Unidos». «Los hechos no funcionan y ya está. La campaña de 'bremain' (quedarse) se centró en hechos, hechos, hechos, hechos y hechos. Pero es un planteamiento que no funciona. Tienes que conectar con la gente emocionalmente. Es el éxito de Trump», ha argumentado.

Esta última frase nos lleva a una segunda campaña aún más preocupante, la de Donald Trump. Decir que es uno de los peores candidatos en la larga historia de la democracia de los Estados Unidos es un tópico por desgracia muy acertado. Sin experiencia gubernamental y con un carácter inestable, salta a los ojos de que Trump no está a la altura de la presidencia del país más poderoso del mundo. Sin embargo, incluso si al final no sale triunfador, ha llegado a ser el candidato de uno de los partidos políticos más antiguos del mundo y estar muy cerca de las puertas de la Casa Blanca. ¿Cómo ha llegado hasta este punto?

Trump ha hecho una campaña novedosa en la historia de la democracia estadounidense. No está marcada por la fuerza de su argumento sino por una apelación a los sentimientos de sus seguidores. Durante los debates presidenciales varios medios de comunicación realizaban un servicio de verificación de datos sobre las declaraciones de los candidatos. No cabe decir que unas cuantas del candidato republicano eran falsas y muy fácil de demostrar. Pero mucha gente no tienen ni el tiempo ni la voluntad para comprobar los datos y en la cultura política de Trump no importa porque los hechos no valen. '¡Es la emoción, estúpido!', parafraseando al antiguo eslogan. Y esto es lo que entiende muy bien Trump.

Es una paradoja que muchos de los seguidores de Trump le van a votar porque, dicen, el candidato republicano 'dice las cosas como son'. En realidad, el discurso de Trump es a la inversa. El candidato republicano dice cosas que sus partidarios desean que sean. Su narrativa, simplemente, hace caso omiso de las verdades inconvenientes o ignora los hechos que no encajan con su argumento. Y cualquier experto que se cruce con Trump está desacreditado como parte de una conspiración en su contra.

Con la plétora de nuevos medios -Facebook, Twitter, etcétera- y la fragmentación de los medios de comunicación tradicionales (televisión, radio) no hay necesidad de entablar un debate serio, defenderse o convencer a todos. Sólo necesita repetir hasta la saciedad unos mensajes sencillos a través de los medios de comunicación de los propios partidarios. Repetir, repetir, repetir. Es una estrategia que George Orwell habría entendido bien. Bienvenido al nuevo mundo de la 'política posverdad'.