Las Provincias

Crónica de un aplauso

El sábado los demócratas vimos y escuchamos muchas cosas. Dentro y fuera del Congreso. A las 12.30, los gimoteos de ese que niega su menguante realidad. Más tarde vimos un Parlamento intentando gestar un presidente. Los motivos de unos y las dudas de otros. Y en el transcurso de las cosas, escuchamos a un hombre vestido con el 'clériman' secesionista, de negro riguroso, sin alzacuellos, inculto, pero alardeando; pretencioso, pero hortera; y con apellido -sin serlo- de truhán, al que hace honor Gabriel Rufián, el diputado que, sin intención, puso en pie a casi todos los demócratas del hemiciclo, unidos en un aplauso que reclamaba la dignidad del PSOE, la defensa y el sacrificio que este partido ha hecho por la democracia, y también en recuerdo de los asesinados por el terror de ETA.

Al mismo tiempo escuchamos, también, el clamoroso silencio de Podemos y el mucho más deleznable de Bildu. Otros silencios fueron fruto del absentismo moral, aquello no iba con ellos. Por último, 'rodeando' el Congreso, vimos a la 'gente' de Pablo en una manifestación donde se atisbaban abuelos, padres y nietos; licenciados, obreros y antisistema; empleados, parados y jubilados; pero lo que no vimos fue a ningún demócrata. Para más inri, algunos de los antidemócratas se comportaron como los vergonzantes hinchas radicales del fútbol y 'dispararon' monedas y otros objetos hirientes mientras vertían insultos contra los parlamentarios de C's. Eso vimos y eso escuchamos.