Las Provincias

Sánchez, fuera de sí

Las declaraciones de Pedro Sánchez a Jordi Évole son una versión tan revisionista de la trayectoria última del PSOE y de su propia gestión como secretario general que, además de provocar el rechazo de sus detractores dentro del partido, ha debido desconcertar a muchos de quienes secundaron el 'no' a la investidura de Rajoy. Sánchez tiene razones fundadas para exteriorizar su dolor por la forma en que el comité federal socialista le defenestró, y el derecho a expresar su disconformidad porque dicho órgano de dirección acabara inclinándose por facilitar un gobierno del PP. Pero ello no justifica que narre lo ocurrido revelando hoy episodios que ocultó ayer sin autocriticarse por ello, o tergiversando los hechos acaecidos al variar la causa sobre la que acentúa sus denuncias. La ejecutoria de Sánchez desde el 20 de diciembre de 2015 no fue precisamente lineal. Nadie podría reprochárselo, dadas las especiales circunstancias del momento, con un cambio en el panorama electoral que afectaba más a los socialistas que a los populares, y con una fragmentación parlamentaria que impedía bosquejar una posición inequívoca a su partido. El PSOE tampoco ha conseguido dibujarla al abstenerse, dividido, en la investidura de Rajoy. Pero ello hace aún más incomprensible que Pedro Sánchez atribuya ahora su imposibilidad de llevar adelante una mayoría alternativa al gobierno del PP a las presiones de la economía financiera, olvidándose de sus acusaciones a Podemos y a Pablo Iglesias por haber votado con los populares contra su candidatura a la presidencia tras su escenificado pacto con Ciudadanos después del 20-D. Sánchez puede alegar que apostó por el 'no' antes de que los barones socialistas se pronunciasen a favor de la abstención. Sin embargo, ha de admitir que fue enrocándose en esa postura sin contar en ningún momento con una alianza alternativa a la continuidad de Rajoy o a los nuevos comicios. La única concesión autocrítica de Pedro Sánchez fue que dedicase el calificativo de «populista» a Podemos al inicio de la prolongada liza electoral, cuando ni él puede pasar por alto la prioridad descarnada del partido de Iglesias por empujar a los socialistas a la insignificancia o la rendición.