Las Provincias

Notas

1.- Todavía está por explorar bien, por estudiar, por discutir y pensar con calma sobre lo que ha ocurrido en España desde que fueron convocadas las elecciones del 20 de diciembre de 2015, hace más o menos un año. Y todavía está por valorar en toda su importancia un hecho insólito en la política española: el de un hombre como Mariano Rajoy, que en un momento dado se quedó quieto, detuvo la vida de su partido hasta casi un estado de catalepsia, y se puso a mirar cómo todos, absolutamente todos sus contrincantes, ansiosos por el poder que podían perder o querían ganar, fueron entrando en crisis de manera estrepitosa y traumática en algunos casos, de manera calmada pero muy evidente, en otros.

2.- El sábado pasado, en el Congreso, no es que PP y PSOE recuperaron la parte mayor de la estabilidad de aquel bipartidismo que se anunció como muerto y enterrado en las elecciones de diciembre de 2015; es que fue posible ver, en sede parlamentaria, cómo Ciudadanos y Podemos, los dos emergentes que iban a cambiar los planteamientos de la galaxia política, casi se dan de bofetadas al terminar la sesión. Unos minutos antes, el conflicto mayor de una velada donde se dirimían decisiones de importancia histórica, resulta que enfrentó a Podemos -siempre los mismos, siempre idéntico problema- en este caso con el PSOE.

3.- La sensación de que el PP es de lo poco serio, seguro y confiable que queda en la política se extiende, al tiempo que se mitigan los oscuros recuerdos que, como retales viejos, puedan quedar de la corrupción. Para millones de españoles el PP ya es el mal menor asumido: se sabe que el motor consume más aceite del que debiera, se sabe que una puerta cierra mal, una escobilla tendría que ser cambiada y los asientos traseros están sucios. Pero por pereza, por afecto a lo conocido, por inercia, la gente no cambia de coche.

4.- Ciudadanos está llamado a explicarse mucho, muchísimo mejor. Ciudadanos debe aclarar con precisión de relojero su forma de ver la autonomía. Al menos la valenciana. Porque si no entendimos mal a la señora Punset, no es que están contra los nacionalismos, sino que el partido también combate el regionalismo sencillo, moderado y sereno. En Ciudadanos, tomando su perfil por otro lado, algunos deberían ir pensando en ser prácticos y hacer lo que deberían haber hecho hace diez años: afiliarse al Partido Popular, que es más de centro.

5.- Maravillan las maneras, modales y formatos de trabajo de algunos notables socialistas valencianos. Maravilla la mágica forma de hacer visible que uno es de Sánchez, aunque le abandone en un momento dado, y que uno no quiere abstenerse para evitar beneficiar al nefando Rajoy aunque al final lo haga por obediencia. El socialismo valenciano tiene escuela propia, estilo personal. Un acreditado maquiavelismo importado de la Florencia mejor. Su refinamiento llega a niveles excepcionales cuando usa el tic de los 'intereses de España'. De cine.