Las Provincias

MUERTOS AL CEMENTERIO

Ahora que el Papa Francisco ha recordado la obligatoriedad católica de depositar las cenizas de los fallecidos en lugar sagrado, podríamos hacer un llamamiento a la hinchada granota para que dejen de lanzar los restos de sus seres queridos en el césped del Ciutat de València, por muy sagrado que pueda considerarse. Hagan el favor. Conozco al menos cuatro casos que, protocolo incluido, han lanzado las reliquias sobre el verde. Incluso uno de ellos sostiene como teoría cierta que su padre fallecido hace ya dos décadas es el famoso fantasma de Orriols aparecido en el área de la portería del gol sur en 2005 al malaguista Duda cuando pasó el balón en lugar de chutar a puerta vacía. Según mi amigo, su padre volvió a «actuar» el año pasado en el mismo lugar para nublarle la vista a Deyverson y lanzar el balón al larguero del Betis. «Eixe ha segut mon pare», me dijo luego. «Pero si Dey es nuestro», le repliqué incrédulo. «No li caurà be, massa pallasso. Mon pare era molt seriós», me respondió sin sonreír. Ahora insiste en que en el gol de Natxo Insa del domingo, su progenitor impidió que el portero se elevara más. Sin comentarios.

Pese a todo, hay que reconocer que lo de esparcir las cenizas tiene sus ventajas. Por ejemplo, evitas lo que le ha pasado a mi santo e intercesor padre. La lápida pegada a la suya en el cementerio del pueblo luce un escudo del Barcelona tan grande que llegas a dudar si también abarca su nicho. Lo que hay que aguantar, que te confundan con un culé aún muerto. No es en el césped de Orriols donde más número de levantinistas difuntos habita por metro cuadrado, sino en el cementerio del Cabanyal. En ese camposanto hay tanto granota enterrado que se han lanzado hasta tracas para festejar algún ascenso. Por familiares vivos, claro.

Hay quien afirma que, viendo el milagroso empate del Levante frente al Getafe, el equipo anda ya medio muerto a estas alturas de Liga, desfondado y con mal de altura. «Este muerto está muy vivo», podríamos decir parafraseando la ochentera película de Ted Kotcheff. ¿Alguien pensaba que se iban a ganar todos los partidos de casa?. ¿Cómo puede haber aficionados que se atrevieran a pitar en algún momento del partido por el mal juego?. No tiene explicación. Los jugadores y Muñiz merecen todo nuestro respeto y admiración por su extraordinaria temporada, con el liderato tan destacado. Pero el camino todavía es muy largo. Esto no ha hecho más que empezar y de momento, la ventaja con los perseguidores es considerable. Y si al final tenemos que morir, al menos que sea como en el famoso chiste del cómico norteamericano Will Shriner. «Me gustaría morir mientras duermo, como mi abuelo. No llorando y gritando como los pasajeros que llevaba en su autobús».