Las Provincias

ESPERAR SENTADOS

Hay división de opiniones en el Congreso, pero los que aplauden dirigen sus aplausos a los que insultan. Varios dirigentes, situados en los tendidos de sombra, aconsejan al presidente que rejuvenezca el Gobierno sin alterar a quienes lo componen. Quien manda, manda, a condición de que le dejen mandar, y Rajoy, que es como aquel caballero inglés que, según la leyenda, bostezó delante de su pelotón de fusilamiento, ha sabido esperar. No ignora que la mejor manera de impedir que le den una patada en el culo es permanecer sentado. Hace falta mucha puntería para acertar con las posaderas de alguien que sea lo suficientemente sereno para no impacientarse y además le sobre paciencia. ¿Por qué le presionan los dirigentes del partido? Ha tenido mucha suerte en la elección de sus enemigos, mucha más que en la de sus condicionales amigos. El viejísimo Catón nos dejó dicho que esto de la suerte no puede saberse hasta el final de la vida, porque pega unos quiebros que no los mejora ni el gran Messi, no digamos Sánchez, que ya no puede entrar como Pedro por su casa porque la ha dejado sin puertas.

Es curioso que una generación iletrada quiera seguir al pie de la letra algunas consignas con fechas de caducidad, pero lo que está de moda es la disidencia. España no está rota y para comprobarlo basta con salir a la calle. Yo lo hago cada vez que puedo, auxiliado por mi bastón y por mis amigos, no siempre por este orden. Llamo por teléfono a los que son de mi bosque, como José Antonio Gómez Marín, y si está comunicando es porque me está llamando a mí. «Amigos. Nadie más. El resto es selva», dijo para siempre don Jorge Guillén, que creía en ese amor que ni jura ni promete, pero que reúne a unos hombres en el aire de su época. Me conformaría con merecer a los que he tenido y a los que tengo. Eso de la «irritable grey de los poetas» nunca lo he entendido en mi condición de discípulo al que se le está acabando el tiempo.