Las Provincias

¿A quién responsabilizamos?

Días pasados, oyendo en el congreso al señor Tardá, solo pude percibir en sus palabras el trasfondo de rencor que destilaba cada una de ellas. La problemática existente en España le resbalaba. Hizo uso de un discurso fácil y populista con un contenido monotemático: la independencia de Cataluña. A él únicamente le preocupaba poner tierra de por medio entre dos realidades que secularmente han estado unidas. Oyéndolo, uno podía creer que, en un futuro imaginario, la república de Cataluña iba a ser poco menos que el paraíso. Se constituiría en un modelo social, político, económico. envidiable para el resto de los humanos. Levantar una barrera y convertirse en el oasis de felicidad estaría al alcance de sus manos. Mi experiencia, sin embargo, me habla de que, desgraciadamente, ya hemos padecido el dolor de demasiados salvadores patrios. Que muestre sus cartas y revele cuáles son los verdaderos intereses creados que hay tras tanta afirmación nacionalista.

¿Sería legítimo pedir responsabilidades de sucesos como este? Sí, pero no exclusivamente a él. También responsabilizaría a algunos gobiernos democráticos de España, especialmente a la derecha más conservadora, por no haber sabido responder a las inquietudes y demandas de algunas comunidades históricas. O han mirado a otro lado o han manifestado su incompetencia para saber conciliar sus viejas aspiraciones, dentro de un marco de convivencia moderno y constitucional.

La riqueza de culturas que han convivido en nuestro país desde hace más de quinientos años debe servir para mostrar, a quien nos mire desde fuera, que somos un ejemplo de respeto y tolerancia. Si la cultura no es capaz de eliminar fronteras, buscar lazos de unión y vertebrar la convivencia en un país se queda en un sucedáneo cuyo nombre desconozco.