Las Provincias

Los payasos diabólicos

Educación. Cátedra acaba de publicar el libro 'Películas para la educación' (edición de Iñigo Marzábal y Carmen Arocena). Los diversos autores ofrecen a formadores, docentes y padres «un manual acorde con los desarrollos curriculares previstos en los últimos años de la educación secundaria obligatoria, el bachillerato y la formación profesional básica». Se trata de una experiencia novedosa en torno a «la pedagogía de la mirada». Aprender con películas sobre el amor, la amistad, la traición, la violencia, el sexo, la familia, la corrupción.

Programas docentes. Es una buena noticia que se piense en el cine para que forme parte de los programas docentes de las nuevas generaciones. También que se cuente con el ajedrez. En 2012 el Parlamento Europeo aprobó una propuesta que recomendaba introducir el ajedrez en las escuelas. De momento es solo una declaración de buena voluntad, apenas aplicada. No estaría mal que se llevase a la práctica, porque el ajedrez puede aportar muchas cosas a la formación integral de los niños: concentración, desarrollo de la memoria, capacidad de análisis, afán de superación para resolver problemas concretos.

Clásicos. Regreso al tema del cine. Entre las películas que propone el libro editado por Cátedra para debatir entre profesores y alumnos hay numerosos clásicos que están por encima del bien y del mal: 'Matar a un ruiseñor' (Robert Mulligan, 1962), sobre la justicia; 'Dos en la carretera' (Stanley Donen, 1967), sobre el amor y la pareja; 'Alguien voló sobre el nido del cuco' (Milos Forman, 1975), sobre la libertad; 'El hombre elefante' (David Lynch, 1980), sobre la discriminación; 'Plácido' (Berlanga, 1961), sobre la solidaridad; 'Amor' (Michael Haneke, 2012), sobre la enfermedad terminal y la muerte.

Alarma social. La gente asilvestrada, sin embargo, va por otros caminos. La venta de caretas terroríficas se dispara en los establecimientos de Valencia -y no solo de Valencia, la tendencia es internacional- mientras aumenta la alarma social ante esa maldita moda de 'los payasos diabólicos'. Algunos descebrados aprenden del cine lo peor de lo peor y se empeñan en imitar a los 'carniceros' de las películas de terror: 'La matanza de Texas' (Tobe Hooper, 1974), 'La noche de Halloween' (John Carpenter, 1978), los diversos títulos de 'Viernes 13' (iniciados en 1980 por Sean S. Cunningham), 'It' (1990, miniserie televisiva basada en la novela homónima de Stephen King) o la saga 'Scream' (cuatro películas dirigidas por Wes Craven en 1996, 1997, 2000 y 2011).

Monolito.Mira que hay películas que pueden enriquecer nuestro pensamiento y nuestras actitudes vitales. Podríamos bailar llenos de entusiasmo en la calle Colón, imitando a los protagonistas de 'Siete novias para siete hermanos' (Donen, 1954). O recordar, con 'El hombre que mató a Liberty Valance' (John Ford, 1962), que suele haber una notable distancia entre la leyenda y la realidad (política). Otra simpática idea consistiría en instalar en el viejo cauce del Turia un monolito a lo '2001. Una odisea del espacio' (Stanley Kubrick, 1968), para ayudar de ese modo a que la inteligencia colectiva dé un gran salto histórico (hacia adelante, no hacia atrás).

Hacha en mano. Pese a tener tanto bueno donde escoger, a los locoides les da por asustar con disfraces patéticos y hacha en mano (o con una llave inglesa, como ocurrió hace poco en Badajoz: así provisto, el 'payaso' le causó lesiones en la rodilla a un pacífico viandante). Hacer el payaso era antes una opción voluntariosa con el objetivo de alegrar a los niños. Ahora es una manera tóxica de aterrorizar a los mayores. En realidad no hace falta que nos asusten más: todos tenemos bastante miedo -por diversas razones-, aunque algunos lo disimulan mejor que otros.

Halloween. Hoy se celebra 'la noche de Halloween', tan copiona, tan estadounidense. Ante las modas uno está indefenso. Toca ser paciente. Con todo, me atrevo a preguntar: ¿es mucho pedir que tengamos la fiesta en paz, sin sufrir pedestres bromas macabras?

Pesimista. Clamo en el desierto, me parece. Soy pesimista en este asunto. La época no nos ayuda. En todo caso les ayuda a ellos, a los payasos.