Las Provincias

Los mapas y las sendas

No eran iguales, pero tenían mucho en común. Uno de ellos le doblaba la edad, casi, al otro. D. Fabio Regolf, con sus 92 años, y Juan Manuel Ferrís, con sus 56. Aun así, coincidieron en el fin de semana de su adiós.

Adiós a sus preciados mapas, a sus queridos libros, a su amado mundo del excursionismo y de la cultura de la naturaleza valenciana.

D. Fabio tiraba, claramente, a derechas. Juan Manuel era más de la correa de las izquierdas. Y, sin embargo, querían igual a nuestros montes y pueblos valencianos.

Décadas detrás del mostrador de su librería en la calle del Mar, el uno; décadas, también, en el Centro Excursionista de Valencia, el otro.

Museo, podría decirse, de mapas, planos, guías, fichas. del viejo Reino de Valencia, el antro laboral del Sr. Regolf. En un clásico comercio con viejas portaladas de madera que se abrían para mostrar un escaparate tan reducido como abarrotado de portadas impresas sugerentes; muchas de ellas con el nombre de los grandes escritores ruteros valencianos: Soler, Cebrián, Gispert, Almerich, Casquel. Resistiendo a las modernidades, a las secciones bibliográficas de los centros comerciales, a las ferias institucionales del turismo, a los folletos municipales, y, sobre todo, al Google de Internet.

Ferrís, trajinando por los pisos escuetos que distribuía la vieja escalera del caserón-edificio de la Plaza de Tavernes de Valldigna; luchando por el CEV en sus facetas de solvencia económica y de promoción de actividades al aire libre, publicitadas en su meritoria revista y con una copiosa y digna colección temática editada.

Eran dos mundos, eso sí; pero coincidentes, en el marco finito de nuestras montañas, cuevas y parajes.

Regolf ponía ante nuestros ojos, ya en la España austera del franquismo, la alegría escapista cuando -con parsimonia- iba extrayendo y mostrando las hojas de los planos del Instituto Geográfico y Catastral (proyección Lambert y sin reticulado) a Escala 1:50.000; es decir, a considerar un kilómetro recorrido en el terreno por cada dos centímetros visualizados en el papel. Ello, cuando ya habíamos hecho el peaje de recoger la mochila alquilada, procedente de subastas militares, en la vecina -y a la traspuesta- armería de Altarriba. Y para quienes no escogían, como suministrador, al depósito militar de la Comisión Geográfica nº 3 (Levante); sita en una esquina del paseo de La Alameda.

Ferrís se movía con sus ganosas relaciones públicas e igual participaba en eventos que presentaba actos (libros nuevos, conferencias.) en el amistoso salón del piso alto de la sede central excursionista de todo el País Valencià. Al timón de una entidad galardonada, en la que muchos de sus socios eran auténticos adelantados en la exploración de simas, de ríos subterráneos, de escuelas al aire libre, de monitorización de andaduras, de ascenso a picos de vértigo y reto con riesgo vital.

D. Fabio, con apellido 'Regolf' trasladado al rótulo de la tienda que abre -ahora- metros más abajo en la misma calle del Mar (cuando aboca, casi, a la Glorieta), era -además- un artillero de pro. Quiero decir que había hecho el servicio militar en un acuartelamiento del Arma de Artillería y llevaba, con gusto, la organización anual de la reunión de su quinta. Así que estuvo algunos años pasándose por mi despacho, para pedirme la colaboración (que le proporcioné siempre, con ganas) para visitas a la Capitanía General de Valencia, para renovación de juras de Bandera o para que les acompañara en su acto de compañerismo eterno.

Ferrís, por su lado, había encontrado el motor apasionado de su actividad excursionista en un área poco explotada de forma tan específica: la salida al campo con niños. Es decir, el turismo de familia. Algo que se llevaba haciendo, por supuesto, desde siempre pero sin contar con publicaciones o guías 'ad hoc'; como las había para barranquistas, escaladores, espeleólogos, senderistas, ciclistas, patrimonialistas, naturalistas y hasta gastronomistas.

Y parecía que Juan Manuel había localizado su santuario de acción en la hondonada montuosa e irrigada por dos de nuestros mejores ríos, donde se configura el Embarcaderos de Cofrentes. No en balde esta villa de La Valle cuenta ahora con un parque de actividades recreativas al aire libre; adaptado al mundo infantil, con acompañamiento de adultos.

En los últimos tiempos me había pedido datos y comentarios sobre una zona que él quería incrustar en su repertorio: el tramo del cañón del río Júcar, ahora navegable, que baja desde la hoya cofrentina hasta los acantilados de Cortes de Pallás. Con una especial atención a la botánica y zigzagueante senda de La Cortada de La Muela y al fantasmagórico y esbelto castillo gótico de Chirel.

Como ambos deben estar ahora, por méritos personales, sentados en sillones del mismo Club (desde donde todo se ve con la máxima claridad), me pregunto sobre qué rincón, pico, río o cueva estarán conversando; teniendo por seguro, eso sí, de que se tratará de uno en el territorio valenciano.