Las Provincias

Días de estreno

Hubo un tiempo en que el cambio de armario lo hacíamos en alguno de los puentes otoñales. A veces, en el del 9 d'Octubre, si el verano se iba pronto, y, si no, indefectiblemente, en el de Todos los Santos. Tanto era así que, para ir a la misa de precepto y después al cementerio la costumbre era estrenar abrigo o en su defecto alguna prenda recién comprada. Era la pasarela nuestra de cada año. Pero el cambio climático está acabando no solo con las tradiciones de castañeras, frescoreta al final del verano y chaquetitas de perlé en septiembre sino también con la alegría de estrenar ropa comiendo huesos de santo, buñuelos y panellets. Será por eso que Rajoy ha dejado para después del puente el anuncio de su nuevo gobierno. Por precipitación no creo, porque después de casi un año esperando a ser presidente, ha tenido tiempo de pensar en todas las combinaciones posibles. La única precipitación de estos días ha sido la del PSOE barranco abajo.

Quizás Rajoy prefiere guardar la memoria de los difuntos y respetar su descanso en fechas tan señaladas, aunque Pedro Sánchez se haya sumado a las fiestas anglosajonas y pretenda aparecerse como fantasma de Scream en los peores sueños de la gestora. Sánchez es el zombie al que no pueden matar porque ya está muerto mientras Iglesias jugó al 'trato o truco' que acabó ganando él y llevándose encima los caramelos para Errejón.

Rajoy parece más tradicional y siendo gallego es lógico que no quiera anunciar la alineación de sus ministros en vísperas del día de ánimas no sea que le persiga A Santa Compaña al grito de «No es no». Así pues resultan de todo punto inconvenientes esos reproches que vemos desde su investidura y que le afean haber pospuesto su labor al frente del Consejo de Ministros hasta después del puente. No es por descansar, quiero pensar, sino por respetar a los españoles. Son fechas para recordar la trascendencia y pocas cosas hay tan fugaces e intrascendentes como las luchas de poder. De hecho, la visita a los cementerios ayuda mucho a poner esas cosas en su lugar. Polvo eres y de nada te servirá hundir al otro por ascender tú. Los panteones, como los bodegones barrocos de Valdés Leal, advierten al vivo sobre su vanidad inútil y su esfuerzo vano por un triunfo que el tiempo olvidará. Rajoy permite, con su mutismo, que estos días en los que el silencio debería acallar músicas, jolgorios y discusiones inanes, pensemos en los que no están y lo que hicieron, también en el plano político. En las víctimas del terrorismo, asesinadas por defender que se pueda pensar de forma diferente; en los padres de la Constitución, que intentaron coser -esos sí, con finura de cirujano- las heridas de una guerra civil; en quienes fueron vilipendiados por defender pactos, diálogos y acuerdos por el bien común. Son los santos civiles a quienes encender una vela y pedir intercesión para una legislatura más que difícil. Ora pro nobis.