Las Provincias

LAS PERSIANAS

Echadas sobre la barandilla del balcón, las persianas defendían el sol de la mañana, y luego, en la hora de la siesta, caídas verticalmente al hueco de la puerta, fueron artífices de la penumbra necesaria en el estío urbano.

Según la hora cumplían su misión mediante cuerdecillas que se ataban a la baranda, a la balaustrada o al clavo colocado ex profeso. Así, al caer la tarde, para gozar de la brisa se volvía a sacar. Era el momento en que la mujer cosía resguardada por las tablillas, que le permitían contemplar cuanto sucedíaen el vecindario sin ser atisbada. Tras ellas podía descubrir quiénes recibían visitas, renovaban muebles o se terminaba el noviazgo que se quiso mantener secretamente.

Entre la clases medias y modestas se mantuvo la tradición de las persianas, que daban intimidad al balcón y parecían prolongar el reducido espacio de la casa. En el balcón cenaban los niños sentados en sillas de enea y el hombre se adormilaba después, vencido por el cansancio de la jornada.

En los barrios valencianos de Velluters, Carmen, Ruzafa o Sagunto, las persianas constituyeron nolta primordial en las fachadas, tanto que se les cubrió con elementos para protegerlas cuando no se usaban y la lluvia y el viento las podían dañar.

Los cubrepersianas fueron de argamasa, de madera con adorno de calados, de azulejería y de forja de hierro, aunque estos últimos -muy hermosos- proliferaron en otra zona, en el barrio de Sant Francesc, y fueron importantes por sí mismos (no por las persianas); su forja de filigrana recordando a la cola del pavo real, al encaje de bolillos y a las rosas lo exigía.

En la ciudad se pueden contabilizar una impresionante serie de cubrepersianas que abarcan desde el modernismo del Cabañal a los diseños eclécticos que singularizan las calles de la Paz, Colón y San Vicente, entre otras. Cubrepersianas que certifican la importancia de la celosía de finas maderas enlazadas para poderse enrollar o plegar.

Todo depende del sol y del deseo de introducirse en la vida de la calle, aunque fuera desde un alto piso o un ático.