Las Provincias

Paisaje después de la batalla

Puedo comprender perfectamente el amargo trago que para los militantes socialistas haya podido suponer el acuerdo del último Comité Federal, trasladado ayer a la práctica del Congreso de los Diputados, en virtud del cual la abstención de diputados suyos permite la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, y ello es comprensible porque, desde la instauración de la democracia en España en 1977, no tenemos cultura política de grandes coaliciones parlamentarias o gubernamentales, al contrario de lo que sucede en la mayoría de países europeos. Sin embargo, vivíamos una situación peculiar y extrema ante la cual al PSOE sólo le quedaban dos alternativas: permitir la investidura, o ir a unas terceras elecciones, cuyo resultado podría haber sido desastroso para un partido político descabezado y sumido en una profunda crisis interna, de la cual la responsabilidad mayor corresponde a quien ha regido esta fuerza política en los últimos años. Sin duda que el liderazgo de Sánchez pasará a los anales como uno de los episodios más tenebrosos de la historia del socialismo español, por su capacidad de dividir al partido y su disposición a pactar con cualquiera y a todo precio con tal de alcanzar una imposible jefatura del Gobierno. Singular fenómeno de narcisismo el de este hombre.

En todo caso, como dice el viejo refrán castellano, no hay mal que por bien no venga, y los socialistas tienen ante sí una legislatura que, si la saben aprovechar, puede hacer que vuelvan a ser una auténtica alternativa de poder, si en los próximos tiempos son capaces de alumbrar un liderazgo sensato con visión de Estado y saben explicar a la opinión pública una tarea de oposición constructiva que en este periodo parlamentario sólo pueden ejercer ellos.

Efectivamente, a pesar de que muchos comentaristas han calificado a Pablo Iglesias como neonato líder de la oposición, en virtud del desarrollo del último debate de investidura, la realidad de las cosas, como potencialidad, es muy otra. En un sistema democrático maduro como el nuestro la importante tarea de encabezar la tarea opositora no puede recaer en alguien que usa el Parlamento como tablero teatral para urdir los más diversos espectáculos, que insulta con denuedo a sus propios compañeros de escaños y abandona el hemiciclo cuando alguien se atreve a hacer una referencia sobre él cuyo contenido es mucho menos hiriente de los vocablos y modos que él mismo usa. No puede representar la oposición de un sistema político quien no cree en las instituciones que le acogen a él y a los suyos, quien reniega de los consensos que en 1978 alumbraron la Constitución que ha dado a España más décadas de democracia y libertad. Hablo, por supuesto, de Pablo Iglesias y los suyos, quienes más sistemáticamente atacan al sistema, si se me permite el retruécano, los que a ratos andan votando en el hemiciclo y en otros momentos andan rodeándolo.

El hecho de que este conglomerado de fuerzas políticas haya perdido en pocos meses, los contados entre dos elecciones generales, más de un millón de votos, nos muestra que muchos de sus electores atraídos en principio por una dinámica de protesta y desencanto se han percatado de que tras la algarada constante, la toma de las calles, la reivindicación de la agitación como forma de hacer política, no había ni hay hoy por hoy un programa político de viabilidad mínimamente aceptable. Repase el lector en el Diario de Sesiones parlamentario las intervenciones del líder 'podemita' y busque propuestas agibles para responder a los graves problemas del paro, la recuperación económica, la dinámica separatista o nuestro rol en las relaciones internacionales; no hallará nada, sino un conjunto de proclamas tópicas y utópicas dignas del tumulto de una asamblea universitaria, nada adecuadas para un debate parlamentario o, mucho menos, un programa de gobierno.

Ante este vacío, es el espacio que le toca recuperar al PSOE, soldando heridas, alumbrando una cabeza que pueda volver a encarnar la identidad de una izquierda progresista pero a la vez posibilista, que devuelva al debate parlamentario una dialéctica opositora, pero constructiva, que retorne al sentido de Estado, porque este viejo partido tiene en su seno cuadros que pueden hacer ello posible (la figura del presidente de la Gestora y su gran madurez política, nos lo muestran).

En suma, nos hallamos ante un momento crucial, una legislatura muy compleja que oscila entre dos posibilidades: la de ser un corto suspiro en nuestro devenir democrático; o el periodo que permita al socialismo reconstruirse como lo que fue, que posibilite recomponer consensos básicos sobre nuestro devenir colectivo, en la que se acabe por el concierto de todos con la lacra de la corrupción y devuelva a la opinión pública la maltrecha confianza en nuestras instituciones políticas. A veces, en términos médicos, para que un cuerpo se percate de sus dolencias y se recupere de ellas, es preciso que se halle ante un estado patológico grave que haga saltar muchas alarmas y que concite la acción de todos los facultativos para su recuperación. Se nos abre mañana un tiempo político complejo, pero también un periodo de enorme esperanza, si todos nos ponemos a la tarea de dibujar horizontes y de desechar quimeras.