Las Provincias

Es por culpa de Fulano

Al igual que tenemos la buena costumbre de rotular calles en honor de personas que hicieron cosas meritorias, y dedicamos monumentos a quienes destacaron de modo sobresaliente en sus tareas, o se esforzaron con tesón e incluso heroísmo por el bien de sus conciudadanos, también debería dedicarse atención parecida a quienes se distinguieron justo por lo contrario, colocando información de ello en lugares públicos, para que los autores de errores sonados fueran conocidos y se pusiera nombre a la ignominia.

Estamos acostumbrados, por ejemplo, a que en lugares público se indique para la posteridad que aquello fue inaugurado siendo tal señor alcalde y tal otro conseller, así como se hacen constar ingenieros o arquitectos y hasta qué negociado de fondos europeos facilitó tan justa y celebrada causa.

Sin embargo nos encontramos a diario con situaciones en las que nos preguntamos cómo fue posible que se resolviera tan mal aquello, quién sería el mindungui que decidió en su día, un suponer, que tres carriles de una calzada se fundieran de repente en uno, para escarnio de los usuarios y favorecer quizá que se insulten entre ellos al disputarse la preferencia; o quién tuvo a mal plantar una rotonda excesiva donde no hace ninguna falta, mientras que escatimó otras en lugares precisos. Y del mismo modo dar a saber en público quién fue el responsable de idear determinado procedimiento burocrático, farragoso e inútil hasta la extenuación, o quién estaría al mando de tantos despropósitos. Luis García Berlanga, cuando creía que una cosa no le salía bien decía que era «una cagada». No era cierto y era excesivo consigo mismo, pero el término nos vale. Cuando nos preguntamos quiénes harían tal o cual 'cagada', una placa debería aclarar: Fue por culpa de Fulano.