Las Provincias

La Concejalía de Mecedoras

Lo malo, con serlo y mucho, no es que un ayuntamiento -en este caso el de Cullera- tenga que ponerse a regular la clásica y típica costumbre de sacar la mecedora o la silla o la hamaca a la puerta de la calle para tomar el fresco porque ahora se registran incidentes entre vecinos -«quítate que quiero pasar», «pues baja a la calzada y pasa, que aquí estoy yo», «que te apartes, te digo», «que no me aparto»- que hace años eran impensables, un ejemplo más de cómo estamos (de los nervios) y del deterioro progresivo de la convivencia hasta contaminar tradiciones ancestrales, que siempre han existido, que no molestaban a nadie pero sobre las que no queda más remedio, o eso dicen, que legislar para que los policías sepan a qué atenerse y cómo actuar en caso de conflicto. No, lo peor no es eso, lo peor es que una vez un ayuntamiento ha abierto la puerta a reformar las ordenanzas municipales para establecer quién tiene derecho preferente, si el señor de la mecedora o el que pasa por la acera y se encuentra el obstáculo, ya estoy viendo que dentro de nada se acabará creando la Concejalía de Mecedoras, encargada de la convivencia pacífica, sostenible, solidaria y paritaria entre los vecinos y las vecinas del pueblo equis. El concejal de mecedoras, faltaría más, necesitará un asesor (o asesora) de mecedoras, así como unos técnicos especialistas en mecedoras, ocupación de vía pública y convivencia entre vecinos (y vecinas), lo que inmediatamente dará pie a la constitución de una empresa pública encargada de la regulación de la costumbre de la instalación de mecedoras en las aceras, con su gerente y sus consejeros, que cobrarán jugosas dietas, sus viajes al extranjero para comprobar si en otros países los residentes también son de tomar la fresca en la calle (con resultados previsibles, «nada, señor alcalde, hemos viajado a Tokio, Moscú y Nueva York y no hay nada parecido»), su libro blanco sobre la necesidad de ampliar esta vieja práctica a otros ámbitos de la vida urbana, su congreso internacional de expertos en mecedoras y en vida saludable (y otra vez sostenible, paritaria...), sus agentes de mecedoras que controlarán que por una parte no excedan el espacio acotado en cada casa por la Concejalía y, por otra, que no sean molestados por vecinos iracundos, su servicio de mediación para casos de conflictos por el uso de las mecedoras, su equipo de psicólogos (municipales también) para atender a los protagonistas de estos conflictos, y todo ello en amplios locales del Consistorio, mantenido con dinero público (de los impuestos de los ciudadanos), y a mayor gloria del ayuntamiento de turno que de este manera agrandará su estructura, su número de funcionarios y, sobre todo, el del personal de confianza, cargos políticos a los que se podrá dar una ocupación. Y luego vendrá la Concejalía de Envases Retornables, y la de Músicos Callejeros, y la de Patines, Monopatines y Patinetes, y la de Gestión de Cenizas de Difuntos, y la de...